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“Corazón y Raíces: La vida de Teresa Bóveda de Jojot”

EL ESPINILLO :HISTORIA DE VIDA

05/01/2026 1,429 vistas
“Corazón y Raíces: La vida de Teresa Bóveda de Jojot”

El 4 de junio de 1935, en Tres Lagunas, nació Teresa Bóveda, hija de Anastasio Bóveda y María Salinas Silvera. Fue la mayor de los hijos de este matrimonio, aunque su padre tuvo en total trece hijos. Desde muy joven aprendió la responsabilidad de cuidar y guiar a sus hermanos, forjando una personalidad fuerte y decidida. Sus padres se establecieron en El Espinillo, en el barrio de la Escuela N°133, donde Teresa fue una de las primeras alumnas, bajo la dirección de Mini Pérez. Allí cursó los primeros grados, hasta que la separación de sus padres la llevó a Paraguay, donde continuó sus estudios en el Colegio de las Hermanas Vicentinas y el Colegio San Carlos, llegando hasta cuarto año de Contabilidad. Durante sus viajes de vacaciones a El Espinillo conoció a José Ricardo “Ricardito” Jojot, con quien se casó a los 22 años. Formaron una familia de seis hijos y se establecieron en el barrio La Querencia, que en ese entonces pertenecía a la familia Varguita, fue vendido a los Hnos. Achucarro y luego a Hoberg. Allí levantaron un comedor y restaurante, que con el tiempo se transformó en el conocido Hospedaje Ricardito, parada obligada para los colectivos de la década del 70: El Pilcomayo, El Tigre, Salomón y Godoy. Era un lugar de encuentro para viajeros, viajantes y compradores de algodón, haciendas y vecinos en plena época dorada de la economía Espinillense. Ricardito también trabajaba una chacra de 100 hectáreas en Misión Tacaagle, sembrando algodón, mientras Teresa administraba el negocio familiar y se involucraba en la vida comunitaria. Doña Teresa tuvo una activa participación pública: trabajó en la Municipalidad de El Espinillo, en recaudación y tesorería, bajo los intendentes Enrique Jojot y Pedro Kulman. Con la llegada de la democracia, asumió en 1991 como concejal por la Unión Cívica Radical (UCR), militando desde joven por la influencia de su suegro Daniel Jojot. Durante tres años trabajó junto a dirigentes como Arcadio Vera (PJ), Carlos Escobar (PJ) y Rosa Fernández (UCR), defendiendo siempre la transparencia y el bienestar de su comunidad. Doña Teresa fue testigo privilegiada de la transformación de El Espinillo: recordaba al intendente José Ubaldino Torres, quien loteó y dio las bases del pueblo, y luego a otros como Pedro Kulman, Víctor Consentino, Armando Oliva con el regreso de la democracia en 1983, Virgilio Insfrán en 1987, Anselmo Portillo en 1991, Arcadio Vera en varias gestiones, Arnaldo Soler en 1999, Alberto Sebastián Figueredo en 2011, Carlos Manuel Sotelo en 2015 dos periodos , hasta llegar al actual intendente David Báez en 2023. Desde la vuelta de la democracia, El Espinillo también tuvo voces en la Legislatura provincial, con tres diputados que llevaron las necesidades y sueños de este pueblo al escenario formoseño: Rolando López por la UCR, Pedro Kulman por el PJ y Carlos Sotelo, también por el PJ, quien ejerció por varios periodos. En su memoria le viene con cariño a las familias de ese entonces: Varguita, Alfonso Chir, Juan Paredes, Eusebio Monges, Carmona, Aranda, González, Galeano, Ruiz Díaz, Míguela Castillo de Jojot, Federico Alen, Rogelio Luque, Pedro Kulman, lidia Penayo de Kulman entre otras, así como los comercios, pistas de baile de don Domingo Chiveta,” Recreo Guaraní” de Doña Rubia Ruiz Díaz donde actuaran orquestas de renombres del Paraguay, Coquimarola, artistas locales y fiestas populares que dieron vida al pueblo y otras reuniones donde la comunidad se fortalecía a través de la música, el baile y la tradición. Los campos de la zona, que marcaron la historia económica y social de El Espinillo, también forman parte de sus memorias: • Isla Yobay, de Daniel Jojot • San Ramón, de Julio Peña • Toldo Cue, de Santiago Jojot • Agripina, de Enrique Jojot • Elida, de Eusebio Monges • San Rafael, de Guillermo Braquenwüiez • San Blas, de la familia Consentino • El campo de Gabriela Jojot, viuda de Trinidad, con sus hijos Luis y Ricardo Trinidad, comprado luego por Stoll y actualmente Valiente. • El campo de Jesús Díaz, ubicado detrás de otros campos a orillas del Pilcomayo • El campo de Alfonso Chir, en la zona de Loro Cue Estos espacios no solo representan la producción agrícola, sino también el corazón del esfuerzo, la familia y la historia de la región. En la memoria de Doña Teresa, entre las décadas de 1950 y 1980, el verdadero centro de El Espinillo estaba en el sector de los comercios. Allí se levantaban los grandes negocios que abastecían a toda la región: los Ramos Generales de Julio Peña, el comercio de Heriberto Méreles, la panadería de los Monges, los almacenes de Sanabria, López, Friedman, Juan Gamarra, la talabartería de Ulpiano Ruiz, inclusive había bares en ese sector, fueron verdaderos centros de vida cotidiana. En aquellos años, el comercio fue la base que sostuvo y consolidó a El Espinillo como pueblo. Las familias de la zona y de los parajes vecinos llegaban en carros, a caballo o en los primeros vehículos para abastecerse de mercaderías, telas, herramientas y alimentos. No se trataba solo de comprar o vender: allí se intercambiaban noticias, se tejían amistades, se hacían acuerdos y hasta se organizaban fiestas. Era común que la gente pasara horas en los negocios, charlando mientras esperaba turno para ser atendida. El comercio cumplía un rol social y cultural, además del económico. Los caminos de tierra, muchas veces intransitables en días de lluvia, no eran impedimento: los carros cargados de productos, los caballos ensillados y los primeros camiones se convirtieron en la postal típica de un Espinillo que comenzaba a crecer y que debía todo ese movimiento a sus comerciantes pioneros. En ese mismo sector de los comercios tenía su casa el doctor Calonga, un paraguayo que trabajaba en el hospital local de gran corazón que se ganó el respeto y la gratitud de la comunidad. Con pocos recursos, pero con una vocación inmensa, salvó muchas vidas en épocas donde la atención médica era escasa. Hasta hoy, los más antiguos lo recuerdan con cariño y agradecimiento, como un verdadero pionero de la salud en la región. También en esa parte cerca de la panadería de los Monges estaba la policía en su primer tiempo. Y el cementerio local. Por aquellos tiempos, la entrada a El Espinillo se hacía por el sector de Isla Azul, y la salida era por lo que hoy conocemos como Santa Librada. Fue en esa época que se construyó el puente de madera, una obra que significó un verdadero progreso. No solo facilitaba la comunicación con los parajes vecinos, sino que también abría el camino hacia Misión Tacaagle, zona agrícola por excelencia. Ese sector de comercios, con sus almacenes, talleres y casas, era la postal más representativa de un Espinillo que crecía a fuerza de trabajo, sacrificio y solidaridad. Sin embargo, con el tiempo, el pueblo fue transformándose. Durante el gobierno de José Ubaldino Torres, quien impulsó el loteo y la urbanización del pueblo, El Espinillo comenzó a organizarse en el sector que hoy conocemos como su centro. Fue un cambio histórico: el movimiento comercial y social dejó de concentrarse en aquella zona inicial y se trasladó a un nuevo núcleo urbano, consolidando el crecimiento del pueblo. Bajo el gobierno de Anselmo Portillo, se habilitó la avenida principal, que conectaba de forma directa con la Ruta Nacional 86 gracias a la construcción del puente de hierro Bailey. Ese fue un hecho decisivo: a partir de entonces, el nuevo acceso y salida del pueblo se consolidó por esa vía, y el antiguo sector comercial que había sido el corazón de El Espinillo quedó atrás, como una memoria viva de los primeros tiempos. Finalmente, sería en el gobierno de Arcadio Vera cuando el asfalto llegó al pueblo, embelleciendo la avenida principal y el perímetro de la plaza. También se construyeron nuevas escuelas y se instalaron las luces en los accesos y calles principales, marcando definitivamente la entrada de El Espinillo a una nueva etapa de progreso. En este camino de crecimiento, no puede dejar de recordarse a los vecinos pioneros, a las familias trabajadoras y a las autoridades locales y provinciales que, con esfuerzo y compromiso, fueron dejando su huella. Cada intendente, cada concejal, cada funcionario, así como los gobernadores de la provincia, aportaron su granito de arena para que El Espinillo se convierta en lo que es hoy: un pueblo pujante, orgulloso de su historia y de su gente. Recuerda con gratitud a los docentes que llegaron desde distintas partes, como desde Montenegro Paiva, al profesor Rubén Esteban Díaz y a todos los que siguieron enseñando con entrega en tiempos difíciles. Resalta además el rol de los comisarios de la policía y de la Gendarmería Nacional, instituciones que también hicieron su aporte para que El Espinillo creciera con orden, seguridad y acompañamiento a los vecinos. Más allá de los cargos y los negocios, Teresa se destacó por su espíritu humanitario y social. Fue vecina solidaria, organizando chocolates para los niños del barrio y acompañando a quienes más lo necesitaban. Su vida es ejemplo de entrega, trabajo y compromiso. Hoy, a sus 90 años, Doña Teresa vive rodeada del cariño de sus hijos y nietos, manteniendo vivo el Hospedaje Ricardito, símbolo de su historia, esfuerzo y dedicación. El Hospedaje Ricardito no fue solo un sitio de descanso: se convirtió en un verdadero centro social, donde la gente del pueblo se reunía a charlar, intercambiar novedades, debatir sobre la política local y tratar los asuntos de la comunidad. En sus mesas se forjaban amistades, se compartían sueños y se mantenía viva la identidad de El Espinillo. La vida de Teresa Bóveda de Jojot demuestra que la verdadera grandeza no se mide por lo que uno posee, sino por lo que entrega a los demás: a su familia, a su pueblo y a su comunidad. “Teresa es la viva imagen de la mujer Espinillense: luchadora, comprometida y siempre dispuesta a sembrar amor, esfuerzo y esperanza en cada rincón de su tierra.” Finalmente, la voz de Doña Teresa no solo es memoria, también es consejo y mensaje para el porvenir. A las nuevas generaciones, a los vecinos actuales y, sobre todo, a la juventud de El Espinillo, les recuerda que el verdadero progreso se construye sobre valores sólidos: el respeto, la solidaridad, la honestidad y el trabajo en comunidad. “Que nunca olviden —dice— que lo que hoy disfrutamos fue fruto del esfuerzo de quienes vinieron antes, de caminos de tierra y barro, de lámparas a kerosene, de hombres y mujeres que no bajaron los brazos. A los jóvenes les pido que valoren la historia, que cuiden lo que se logró y que se animen a soñar más alto, pero siempre con los pies en la tierra y el corazón en su pueblo.”

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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