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“Hernán Urso Fretes: Vida y Vocación de un Médico del Pueblo”

Historia de vida

18/01/2026 2,592 vistas
“Hernán Urso Fretes: Vida y Vocación de un Médico del Pueblo”

El 13 de abril de 1954, en Asunción, Paraguay, nació Hernán Urso Fretes, el primero de tres hermanos en el hogar de Juan Policarpo Fretes y Gerónima Gayoso. Su padre, Juan Policarpo, era un sastre reconocido en la sociedad asuncena. Con manos pacientes y firmes, dedicaba sus días a confeccionar trajes que daban elegancia y distinción a sus clientes. Su taller fue más que un lugar de trabajo: era un espacio donde Hernán aprendió desde niño el valor de la constancia, la dedicación y la importancia de un oficio bien hecho. Su madre, Gerónima, era ama de casa y costurera, el corazón del hogar. Entregada a la crianza de sus hijos, transmitía ternura, disciplina y la firme convicción de que la educación era el camino hacia un futuro mejor. Con paciencia acompañó cada paso escolar de su hijo mayor, celebrando sus logros y sosteniendo sus sueños. De este hogar sencillo pero lleno de valores nació el carácter de Hernán: la responsabilidad, la curiosidad por aprender y el deseo de superarse siempre. Hernán creció en una familia donde el esfuerzo y la disciplina eran parte de la vida cotidiana. Cursó sus primeros grados en la Escuela Fernando de la Mora, continuó en la Escuela República Argentina y completó la primaria en la Escuela Doctor Luis Pasteur. Desde niño mostró curiosidad por el saber y una habilidad natural para los oficios. Pero lo más importante fue el encuentro con buenos maestros y maestras, que despertaron en él el amor por el estudio. Aquellos docentes no solo transmitían conocimientos, sino que enseñaban técnicas de estudio, hábitos de organización y disciplina intelectual, herramientas que marcarían para siempre el camino de Hernán. Su adolescencia transcurrió en el Colegio Nacional de la capital Asunción, donde se destacó como estudiante. Terminó el bachillerato en Ciencias y Letras con el segundo mejor promedio de su promoción. Allí también se topó con profesores que vieron en él un gran potencial. Sus enseñanzas no se limitaron a los libros: le inculcaron la importancia de la curiosidad, la investigación y la constancia como pilares del aprendizaje. En paralelo, Hernán adquirió destrezas en electricidad, albañilería, zapatería y sastrería, siguiendo los pasos de su padre. Esta mezcla de conocimiento académico y oficio práctico lo formó como un joven integral, capaz de soñar en grande sin perder los pies en la tierra. En 1974, Hernán ingresó a la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), en Corrientes. Fue una etapa de grandes desafíos: estaba lejos de su familia y de su tierra natal, enfrentando la soledad del estudiante extranjero. Sin embargo, nada lo detuvo. Su único objetivo era recibirse de médico y honrar el sacrificio de sus padres. Con disciplina férrea, dedicación plena y una sed inagotable de conocimiento, logró culminar la carrera en tiempo y forma, algo nada sencillo en una profesión tan exigente. El 5 de diciembre de 1980 alcanzó uno de los momentos más importantes de su vida: se convirtió en el primer egresado de su promoción, obteniendo el título de Médico Cirujano. Ese logro fue testimonio de su esfuerzo y también un orgullo para toda su familia, que desde Asunción seguía con emoción cada paso de su hijo mayor. Recién recibido, trabajó en el Hospital de Ituzaingó, Corrientes (1980-1981). Allí conoció a la mujer que lo acompañaría toda su vida: Clara Irene Jara, (Correntina)Profesora de la enseñanza Primaria. Se casaron en 1982 y formaron una familia con cuatro hijos: Hernán Milton, Ivan Exequiel, Ruth Analía y Augusto Fabián, quienes más tarde seguirían caminos profesionales en la medicina, la agronomía y la kinesiología. En paralelo, Hernán continuaba perfeccionándose. En 1981 realizó un curso en la Facultad de Medicina de Buenos Aires en Cirugía General Plástica y Reparadora. Ese mismo 1982, movido por sus raíces y el deseo de devolver algo a su tierra, Hernán volvió a su país natal y se instaló en Vallemí, donde comenzó a trabajar en la Unidad Sanitaria del Instituto de Previsión Social (IPS). Allí no solo ofreció atención médica, sino que asumió responsabilidades de liderazgo como director de la Clínica María Auxiliadora del instituto nacional del cemento, combinando su labor con la enseñanza en el colegio local, donde impartía clases de inglés, anatomía, biología e idioma guaraní. Regresa a la Argentina, buscando mejores condiciones para desarrollar plenamente su vocación médica y continuar creciendo como profesional. En agosto de 1986, durante el gobierno de Floro Eleuterio Bogado y con Héctor Pastor como Ministro de Salud Pública de Formosa, Hernán Urso Fretes llegó a El Espinillo. Desde el primer momento, la cordialidad de las familias, en su mayoría descendientes de paraguayos, y el encuentro con compatriotas, hicieron que se sintiera acogido y eligiera rápidamente quedarse a vivir allí. Inicialmente se alojó en la casa de doña Teresa Bóveda, luego en el Sr Luque(Ayali), y finalmente pudo traer a su esposa e hijos para establecerse definitivamente. La comunidad lo adoptó como uno de los suyos, y esa integración facilitó que se sintiera parte del lugar desde el primer día. Pronto comenzó a trabajar en el hospital local, que en ese entonces dirigía el Dr. Mauricio Espinoza. En 1987 fue nombrado Director del Hospital de El Espinillo, y apenas asumió implementó mejoras fundamentales: habilitó el servicio de cirugía, organizó el registro de historias clínicas y comenzó a realizar partos, cesáreas, operaciones de abdomen, apendicitis y hernias. En esa época los caminos eran de tierra e intransitables cuando llovía. Para trasladar a un enfermo había que llevarlo hasta Laguna Blanca, pero si el barro lo impedía, solo se podía llegar hasta Isla Azul, que era donde comenzaba el asfalto. No fue una tarea fácil, y precisamente por esas dificultades surgió la necesidad de brindar servicios en el hospital. En esa época, brindar estos servicios tenía un valor vital los recursos eran limitados, los medicamentos escasos y el equipamiento muy básico. Cada intervención requería ingenio, dedicación y mucho cuidado, porque la ausencia de materiales y profesionales podía significar la diferencia entre la vida y la muerte. Comparado con la actualidad, donde los hospitales cuentan con mayor equipamiento, más medicamentos y un equipo profesional más amplio, el trabajo de Hernán y su equipo en esos años fue fundamental para garantizar salud y esperanza a toda la comunidad del Espinillo y la zona. En esta tarea no estuvo solo: contó con el apoyo invaluable de Norberto Giordano, un colaborador incansable, de la enfermera Casimira “Totila “Rivaldi y todo el personal del hospital que colaboraron para estar a la altura de la circunstancia, quienes fueron sus manos derechas. Con el tiempo, personas de toda la zona acudían al hospital en busca de atención, consolidando la reputación del Dr. Hernán Urso Fretes como un médico comprometido con la salud y el bienestar de la comunidad. Su esposa, Clara Irene Jara, también se destacó en la docencia, ejerciendo en la EPEP Nº 246 de El Espinillo, donde se jubiló como docente. Al igual que Hernán, dedicó su vida a servir a la comunidad, transmitiendo valores y conocimiento a las nuevas generaciones. En 1990 impulsó la construcción de su propia clínica en El Espinillo, donde atendió hasta aproximadamente el año 2016. Paralelamente, nunca abandonó su deseo de estudiar. Se especializó en la Facultad de Medicina UNNE Médico Legal y Forense (1994) Ecografía y Doppler (1999) Médico especialista en Cirugía (2000) Al mismo tiempo, ejerció la docencia en el Colegio Bernardo A. Houssay, enseñando inglés bajo la dirección de la Profesora Sara Bozano. El Dr. Hernán Urso Fretes se jubiló en 2016, tanto de su labor médica como de la docencia. Sin embargo, nunca dejó de atender a pacientes en su consultorio privado, donde aún hoy numerosos vecinos realizan largas colas para poder consultarlo. Su figura se volvió inseparable de la historia de El Espinillo. Muchos niños nacieron con su asistencia y crecieron bajo sus cuidados médicos. Su vida es testimonio de esfuerzo, amor por el conocimiento y entrega a la comunidad. El Dr. Fretes no solo sanó cuerpos: representó un apoyo, un referente y un ejemplo de compromiso social. Cada persona que lo conoció lleva consigo la huella de su profesionalismo, su humanidad y su vocación de servicio, convirtiéndolo en un médico emblemático y querido por generaciones enteras. En El Espinillo trasciende lo estrictamente médico. Su labor en salud ha sido fundamental para la comunidad, asegurando atención de calidad, partos, cirugías y seguimiento de numerosos pacientes que confiaron en él durante décadas. Más allá de su rol como médico, su compromiso con la educación, la cultura y la integración social lo convierte en un referente y un pilar del pueblo, demostrando que su aporte no solo salva vidas, sino que también fortalece el tejido social. Su ejemplo muestra cómo la dedicación profesional y la vocación de servicio pueden transformar la vida de la comunidad. El paso del tiempo permitió ver con claridad la magnitud de su obra. Cuando la salud pública en la provincia carecía de recursos, profesionales y equipamiento, el Dr. Hernán Urso Fretes estuvo allí, brindando cirugías, partos y atención médica con lo que había, siempre con responsabilidad y humanidad. Su rol fue mucho más que el de un médico: alguien que supo transformar la falta de recursos en oportunidades y que dejó una huella imborrable en la vida de cientos de familias. Un día, uno de sus pacientes entró medio preocupado, con síntomas raros. El Dr. Fretes lo revisó rápido, lo miró fijo y, en vez de dar un discurso médico complicado, simplemente le dijo: “Terejoke, porque ibai coa.” Todos sabían que cuando decía “Terejoke” no había mucho que discutir: era señal de que había que moverse urgente, ya sea a Formosa o a Clorinda. Era su manera práctica y directa de transmitir gravedad, sin vueltas técnicas. Con el tiempo, esa palabra quedó como un sello suyo. Entre los pacientes y conocidos, cuando alguien estaba en apuro, ya bromeaban diciendo: “Terejoke. “jei dr Fretes. Su mensaje "Queridos vecinos y vecinas de El Espinillo: Quiero expresar mi más profundo agradecimiento por haberme recibido como uno más desde el primer día que llegué a este querido pueblo. Aquí formé mi hogar, crecieron mis hijos y encontré no solo pacientes, sino hermanos y amigos. A lo largo de los años, tuve el privilegio de ver nacer a muchos niños en mis manos. Hoy, esos niños ya son padres, e incluso algunos son abuelos. Ver cómo esas generaciones crecieron sanas, formaron sus familias y siguen aportando a nuestra comunidad es para mí la mayor recompensa. El Espinillo me enseñó que la salud no es solo curar enfermedades, sino también acompañar a las personas en todas las etapas de su vida, con respeto, con escucha y con cariño. Quiero dejar un mensaje especial a los jóvenes: estudien, sueñen y esfuércense. El camino no siempre es fácil, pero con dedicación se puede llegar lejos. Yo vine desde Paraguay, con muchas dificultades, lejos de mi familia, pero con un solo objetivo: recibirme y servir a los demás. Ese mismo espíritu de superación está en cada uno de ustedes. También les pido que nunca olvidemos lo que nos hace fuertes como pueblo: la solidaridad entre vecinos, la cultura que nos une y el valor de la educación como motor de futuro. La salud, la escuela, la familia y las tradiciones son los pilares que mantienen viva nuestra identidad y nos permiten avanzar. Hoy, al mirar atrás, siento que mi vida tuvo sentido porque la compartí con ustedes. El Espinillo no solo fue mi lugar de trabajo, fue y es mi casa, mi comunidad y mi orgullo. Sigamos construyendo juntos un pueblo donde la salud, la educación, la cultura y la unión sean la herencia que dejemos a las próximas generaciones."

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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