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“Semillas de vida: la historia de Aurora Aida Pinilla”

Aurora Aida Pinilla creció entre los primeros pasos de un pueblo en formación y, junto a Sergio Britez, construyó una vida marcada por el trabajo rural, la solidaridad y el compromiso comunitario. Desde las duras jornadas del algodón hasta la participación política, el impulso al deporte, la cultura y la creación de la primera radio del departamento, su historia es también la historia de El Espinillo: una comunidad sembrada con esfuerzo, amistad y esperanza compartida.

07/02/2026 756 vistas
“Semillas de vida: la historia de Aurora Aida Pinilla”

Francisco Pinilla, uno de los primeros gendarmes que llegaron a esa localidad, y de Elba Navarrete, fue la mayor de cuatro hermanos y la única mujer entre ellos.


 Su infancia transcurrió en un pueblo que ya mostraba signos de organización y progreso: bancos, negocios importantes y una plaza que reunía a la comunidad. Realizó sus estudios primarios hasta sexto grado en el Colegio Santa Isabel de Las Lomitas, y recuerda con cariño los juegos de la época: la rayuela, las carreras en bolsa y las competencias en bicicleta durante las fiestas patrias. Cursó hasta tercer año de la secundaria en Ibarreta.


Luego, su padre fue trasladado a San Martín N°2, donde Aurora conoció a Sergio Britez, uno de los primeros colonos que llegaron para trabajar la tierra que el gobierno entregaba. Proveniente del Chaco, él cultivaba algodón y se dedicaba también a hacer fletes con su camión.


En 1966, a los 19 años, Aurora y Sergio contrajeron matrimonio. La vida en el campo era dura: Los caminos eran picadas de tierra, sin puentes ni comodidad alguna. Un viaje podía convertirse en una verdadera odisea.


En una ocasión, tardaron siete días en ir desde Estanislao del Campo hasta San Martín N°2 en carros, deteniéndose en las estancias para pasar la noche. Hoy ese mismo trayecto se recorre en horas, gracias al asfalto que trajo progreso y comunicación, pero en aquel tiempo, cada salida era un desafío que ponía a prueba la paciencia y la resistencia El matrimonio tuvo dos hijos: Miguel (1967) y Mili (1971). Movidos por la fertilidad de las tierras, se instalaron en Villa Real, El Espinillo, primero alquilando a Lisandro Rojas.


Trabajaban día y noche desmontando y arando para poder sembrar algodón, soja y girasol. La rutina era extenuante: mientras Aurora cuidaba a los niños, ayudaba también en las tareas del campo, preparando la comida para peones y compartiendo las largas jornadas bajo el sol.


En 1974 compraron una chacra de 60 hectáreas en Vista Alegre, Cuando Aurora y Sergio llegaron a El Espinillo, el pueblo ya mostraba signos de crecimiento y organización. Las tierras ya estaban loteadas, y la plaza se había convertido en el corazón de la comunidad.


En ese entonces, el intendente era Víctor Consentino, y durante la dictadura en el gobierno de Escudero se construyó el polideportivo que hoy se encuentra frente a la casa de los Britez Pinilla, un espacio que años más tarde sería escenario de deportes, reuniones y actividades comunitarias.


En el año 1978, se mudaron a la casa actual, que había sido de Tomás Espinoza. La vida en El Espinillo sus vecinos. Antes, la amistad, la amabilidad y el respeto mutuo eran la base de la convivencia. Se compartían los cumpleaños, las comidas y las alegrías sencillas de cada día. Aurora recuerda con cariño a quienes fueron parte de esa primera vida comunitaria: Don Cáceres Neri Felipe y su esposa, doña Ernestina Portillo, Don Herminio Galeano y doña Carmen, y tantas familias que hacían de cada encuentro un motivo de celebración.


Las casas quedaban siempre abiertas, las meriendas se compartían, y en cada fiesta la música y la comida eran de todos. Esos tiempos dejaron en la memoria una sensación de cercanía y añoranza, porque no solo se cultivaba la tierra: también se cultivaba la amistad.


Ese mismo año, mientras Argentina vivía la euforia del Mundial, ellos eran una de las pocas familias con televisión en el pueblo. La casa se llenaba de vecinos que llegaban con sillitas de madera o simplemente se acomodaban en el suelo para ver a la Selección.


Aquellas reuniones eran más que partidos: eran momentos de unión, de compartir, de sentirse parte de algo grande a pesar de estar en un rincón lejano del país. La agricultura especialmente el algodón marcó la vida de la familia.


 Cultivaban más de 150 hectáreas y contrataban trabajadores de distintos lugares de mburucucha (Corrientes), San Martin N2 y de San Carlos. La familia Britez Pinilla fue, en aquellos años, un verdadero motor de desarrollo en la zona.


El campo no solo era el sustento de su hogar, sino también el de decenas de familias que, con el sudor de su frente, encontraban allí trabajo y dignidad. En épocas de carpida y cosecha, grupos enteros de hombres, mujeres y jóvenes llegaban desde distintos parajes.


Con sus manos curtidas por el esfuerzo, carpían el algodón bajo el sol ardiente y levantaban la cosecha que llenaba los carros y camiones rumbo a las desmotadoras. Cada jornal significaba un plato de comida en la mesa, un cuaderno para los hijos, una oportunidad de progreso.


Aurora recuerda con orgullo cómo muchos de aquellos peones que llegaban con poco terminaron comprando su propia tierra o educando a sus hijos gracias a lo que aprendieron y ahorraron trabajando en esas campañas agrícolas.


El campo, entonces, fue más que producción: fue escuela de vida, sostén de familias enteras y espacio donde la comunidad se fortaleció El movimiento económico era intenso: camiones cargados de algodón, carros repletos de bolsas, jornaleros que llegaban en busca de trabajo.


 Aurora cuenta cómo en épocas de carpida y cosecha los comercios locales, como los de Emiliano Paredes, Rolando López e Higinio Benítez, daban créditos fiados, confiando en la palabra del productor.


 La comunidad se sostenía en la confianza mutua y en la esperanza de una buena cosecha. Muchas familias llegaron para quedarse en El Espinillo gracias a esa actividad, los Aponte y Rivas vinieron con nosotros de San Martin 2. Los bailes populares de la época se realizaban en el Recreo Guaraní, los Vioti y más tarde en Top Tem, espacios donde la comunidad se reunía a celebrar.


Con el regreso de la democracia en 1983, Aurora y Sergio militaron en el MID de Rodolfo Emilio Rhiner, apoyando propuestas vinculadas a la producción y al campo. Recuerda que el cierre de campaña de ese año se realizó en la plaza San Martin de El Espinillo nunca vio llenarse la plaza como en esa ocasión una multitud se dio cita a ese evento político. Aurora participó activamente en la vida política: en 1987 el MID tuvo una interna y ella integro la lista amarilla y pasaron a integrar un frente con el partido justicialista fue electa concejal de El Espinillo y por el otro sector la lista verde el ingeniero Bono que integro la alianza con la UCR y gracias a ese acuerdo los radicales ganaron las elecciones de ese entonces y Virgilio Insfran fue el intendente , integrando el Concejo Municipal junto a Alberto Kazmer(PJ), Silvio Gómez (UCR), Raúl Bono (LV) . Su mandato fue 1987 al 1991, un hecho trascendental para la participación de la mujer en la vida pública local, fue la primer mujer concejal.


La familia siempre estuvo cerca del deporte: apoyaron al Club Unión Espinillo y al Central Espinillo, acompañando a los jóvenes en cada campeonato y poniendo a disposición su camioneta para trasladar a los equipos.


El fútbol fue, para ellos, una manera de unir a la comunidad, de dar oportunidades y de enseñar valores. Del mismo modo, la cultura encontró en la familia Britez Pinilla un respaldo constante. La vocación de servicio de la familia también se manifestó en otros proyectos.


En 1992, impulsaron la creación de la Radio Espinillo FM Stereo 91.3, la primera emisora de todo el departamento, que salió al aire el 14 de enero a las 22 horas fue un verdadero punto de inflexión para la comunidad. Para la época, tener un medio de comunicación propio era un lujo y un privilegio: la mayoría de los pueblos vecinos dependía de noticias tardías o de la voz de otros que viajaban con información. La radio permitió que la comunidad escuchara su propia voz, se mantuviera informada y se sintiera unida, acercando vecinos que antes vivían aislados por kilómetros de caminos de tierra.


Gracias a la radio, surgieron numerosos operadores y locutores que encontraron allí su primer espacio de aprendizaje y vocación. Fue un lugar donde la juventud podía formarse, expresarse y contribuir al bienestar colectivo.


Además, el medio se convirtió en un punto de referencia para compartir noticias, anunciar eventos, coordinar actividades deportivas y culturales, e incluso brindar apoyo en momentos de emergencia. Aurora y Sergio entendieron que la radio no era solo un negocio, sino un instrumento de cambio social y desarrollo comunitario, capaz de transformar la vida de quienes vivían en El Espinillo.


 La emisora fortaleció los lazos entre familias, generó oportunidades laborales y culturales, y consolidó la identidad del pueblo en una época en que la comunicación era mucho más limitada que hoy.


Pusieron al servicio de los vecinos, especialmente de los que menos tenían, el teléfono fijo de su casa para que pudieran comunicarse con sus seres queridos en otros puntos del país. Familias enteras venían a esperar su turno, ansiosas por escuchar la voz de hijos, padres o hermanos lejanos, y gracias a ese gesto muchas personas pudieron mantenerse cerca de los suyos a pesar de la distancia, esto se hizo por muchos años hasta que apareció el celular.


 En 1992, además de la radio, nació Géminis Discotek, un espacio que marcaría un antes y un después en la vida social y cultural de El Espinillo. Para la época, el boliche representó la modernidad que llegaba al pueblo: equipos de sonido potentes, luces, animación y un estilo de celebración totalmente distinto a los tradicionales bailes populares al aire libre.


Géminis Discotek permitió a la juventud disfrutar de nuevas formas de entretenimiento, reuniendo a chicos y chicas de toda la región en un lugar seguro y moderno. Fue un salto hacia la modernidad, donde se combinaba la música, la danza y la socialización, alejándose de las pistas de baile abiertas y modestamente iluminadas que se usaban antes.


Por muchos años, este espacio fue el corazón de la vida nocturna del pueblo, donde se vivieron noches inolvidables, se forjaron amistades y se crearon recuerdos que aún permanecen en la memoria de varias generaciones. Géminis Discotek no solo trajo diversión: representó un cambio cultural, un reflejo del progreso y la apertura del pueblo hacia nuevas formas de recreación, siempre bajo la mirada solidaria y comprometida de Aurora y Sergio, quienes supieron combinar modernidad con valores y respeto por la comunidad.


 Los años trajeron cambios. El algodón ya no fue el mismo motor de antaño, y las nuevas generaciones encontraron otras formas de relacionarse y el 2015 Géminis Discotek cierra sus puertas.


Pero la radio siguió siendo un faro en la comunidad, y el espíritu solidario de Aurora y Sergio permaneció intacto.


Hoy, Aurora y Sergio disfrutan de su jubilación, rodeados de sus hijos, nietos, amigos y vecinos. Su vida refleja no solo la historia de una familia, sino también la construcción de una comunidad que se forjó con trabajo, solidaridad y sueños compartidos.


Aurora Aida Pinilla no solo fue testigo del crecimiento de El Espinillo: fue protagonista de esa historia, con la fuerza de quien sabe que la verdadera riqueza está en la tierra, en la familia, en la solidaridad, en el deporte y en la cultura.


La vida nos enseña que todo lo grande se construye con cosas pequeñas: el respeto, la unión, el trabajo y la solidaridad. 


A los jóvenes, les digo: nunca pierdan la ilusión, estudien, practiquen deporte, valoren la cultura y lleven siempre en alto el nombre de su pueblo.


A las familias de hoy, les recuerdo que un pueblo crece cuando sus vecinos se ayudan y se respetan como antes. El futuro de El Espinillo está en sus manos: cuídenlo, siéntanse orgullosos y sigan sembrando esperanza.

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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