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“Servir con amor: la historia de Elsa Servín”

EL ESPINILLO.HISTORIA DE VIDA

02/01/2026 703 vistas
“Servir con amor: la historia de Elsa Servín”

Elsa Servín Leonida nació el 11 de abril de 1949, hija de Servín Gil, excombatiente de la Guerra del Chaco, y Bernardina Cantero. Fue la menor de seis hermanos y creció en un entorno marcado por la dedicación, la familia y la vida en comunidad. Su padre, de estatura pequeña y gran habilidad como peluquero, fue conocido cariñosamente como “Peluquerito”, y ejercía su oficio atendiendo a vecinos y gendarmes. La familia vivió primero cerca de la casa de Nenito Jojot, hoy barrio Frontera, y luego se trasladaron a Villa Real, donde compraron una pequeña chacra y continuaron con su vida en familia. Elsa recuerda con cariño sus años de infancia: los días de escuela, primero cerca de su hogar y luego caminando por los campos de Daniel Jojot para llegar a la Escuela Frontera 7. Culminó sus estudios primarios en la Escuela 246, demostrando desde joven un espíritu de esfuerzo y responsabilidad. El 1 de junio de 1967, con apenas 18 años, Elsa inició su camino en la enfermería en el hospital de El Espinillo, entonces moderno para la época, aunque aún sin servicios básicos como agua potable o luz eléctrica. Las primeras guardias se hacían con lámparas a kerosén y un enorme aljibe proveía de agua. Con el paso del tiempo, la modernidad trajo la electricidad y el agua corriente, pero la esencia de la labor de Elsa y sus colegas permaneció intacta: servir y cuidar a los demás con dedicación. Durante su carrera, trabajó junto a reconocidos profesionales como los doctores Calonga Demesio Martín, Mauricio Espinoza, Hernán Fretez, Iván Guillén y Carlos Escobar, entre otros. La administradora del hospital cuando Elsa comenzó fue la señora Blanca Fernández de Monges. Compartió su labor con compañeras y compañeros que fueron parte de su familia profesional: María Teresa Servín, Rosa María Librada, Casimira Villalba, Herminia Perrens, Clara Alen, Lidia Librada Ruiz Díaz (Chela), Magdalena Achucarro, Ramona Torres y Ramón Reyes. Todos ellos desempeñaban múltiples funciones, desde enfermería hasta cocina, lavandería y guardias de 24 horas, muchas veces solos o acompañados solo por un colega. En 1969 conoció a Nelson Jojot, quien ingresó como chofer del hospital y con quien se casó el 18 de noviembre de 1971. Juntos tuvieron cuatro hijos: Mercedes, Elsa, Sonia y Nelson. Nelson desempeñaba un papel fundamental como chofer de la ambulancia, arriesgándose a veces en barro y caminos difíciles para trasladar pacientes en situaciones de emergencia. Elsa recuerda con orgullo la atención de partos, cirugías menores y emergencias de todo tipo. Aproximadamente, más de 500 niños nacieron bajo su cuidado en El Espinillo. Entre sus recuerdos más vívidos está un parto que atendió sola a los 20 años: una madre dio a luz primero a un niño y, segundos después, a una niña, a quien llamaron Alba Bella. También atendió picaduras de víbora, envenenamientos y cortes graves, siempre poniendo la vida de los pacientes por encima de las dificultades. Entre sus anécdotas, destacan los momentos de soledad y valentía: noches de tormenta escuchando ruidos extraños en el hospital, o el susto de su hermana al ver una figura de un hombre gigante sin cabeza en el pasillo del hospital. Estas experiencias fortalecieron su compromiso y la camaradería entre los colegas, quienes nunca volvieron a quedarse solos en guardias. En 2003, Elsa enviudó y en 2009 se jubiló, dejando un legado imborrable en la historia de la salud de la región. Su vida y trabajo representan el sacrificio, la humanidad y el compromiso de las enfermeras que hicieron patria en el norte del país, en épocas donde servir y salvar vidas era lo más importante. Hoy, Elsa vive en El Espinillo junto a su hija, rodeada del cariño de su familia y del reconocimiento de toda la comunidad que fue testigo de su entrega incondicional. Su historia no solo narra la vida de una enfermera, sino la de una mujer cuya labor humanitaria y amor por su gente marcaron la diferencia, dejando una huella imborrable en la salud y en los corazones de quienes recibieron su cuidado.

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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