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“Víctor Cáceres: Fuerza, pasión y perseverancia”

14/02/2026 1,553 vistas
“Víctor Cáceres: Fuerza, pasión y perseverancia”

Víctor Domingo Cáceres nació el 6 de mayo de 1967 en Pozo Yobay  El Espinillo, en el seno de una familia numerosa, humilde y profundamente trabajadora. Fue el menor de nueve hermanos, hijo de don Blas Antonio Cáceres y doña Carmen Torres, quienes le inculcaron desde pequeño valores fundamentales como el esfuerzo, la honestidad, la humildad y el amor por la familia.


Durante un tiempo, sus padres vivieron en Loro Cué, en una época en la que el trabajo en la chacra atravesaba el auge del llamado “oro blanco”, que hacía rentable el sacrificio diario del hombre de campo. Con el correr de los años, la familia se trasladó definitivamente a El Espinillo, al sector que hoy se conoce como Barrio Unido, aproximadamente en 1977, cuando el barrio aún contaba con muy pocos habitantes. Víctor recuerda con especial cariño a varios vecinos de aquellos años: doña Carmen Bernal, Lili Larrosa, don Cáceres (I), don Quintana, entre otros. Eran tiempos sencillos, de puertas abiertas, de comunidad unida y de costumbres compartidas.


En 1978, como muchos chicos del pueblo, disfrutaba viendo los partidos de fútbol en la casa de doña China Montaner, donde una televisión blanco y negro, alimentada a batería, reunía a vecinos y amigos. Entre sus amistades de esa época recuerda especialmente a Francisco Bernal y Enrique Bernal.


 Sus estudios primarios los realizó en la Escuela N.º 246 de El Espinillo, donde guarda un recuerdo entrañable de maestras como Mirta Jojot de Oliva y Lidia Jojot, y de compañeros como Mario Rojas, Tito Benítez, Dante Maldonado, entre muchos otros. Eran tiempos en los que todos asistían a clases con guardapolvo blanco, símbolo de igualdad, respeto y pertenencia. Culminó la escuela primaria en el año 1981.


En 1982 inició el nivel secundario en el Colegio Bernardo A. Houssay N.º 8, también en El Espinillo, institución de la que egresó en 1987. Aquellos años quedaron grabados como una etapa hermosa, marcada por el compañerismo, el respeto mutuo entre alumnos y profesores y las vivencias compartidas.


 Recuerda con nostalgia los bailes de Top Tem, las fiestas de Navidad y Año Nuevo en la Escuela 246, y los tradicionales bailes de San Juan, donde todo el pueblo se reunía. Entre sus compañeros de colegio recuerda a Rabito Benítez, Francisco Mendoza, José Bergentuhín, Liliana Monjes, y entre sus docentes a Marisel, María Ester Felicchi, la señora Magda y el doctor Espinoza, quienes dejaron huellas imborrables en su formación.


En 1988, Víctor se trasladó a Laguna Blanca para trabajar en Apropil, con la esperanza de ingresar al Banco Provincia, proyecto que finalmente no se concretó. Regresó entonces a El Espinillo y decidió continuar su formación académica en el Instituto, donde, tras años de sacrificio y perseverancia, logró recibirse de docente.


Ejerció la docencia durante 27 años, principalmente en la Escuela F N.º 7 de Tota, institución en la que dejó una huella profunda. Trabajó junto a numerosos docentes y directivos de quienes aprendió mucho, y acompañó a generaciones de alumnos y familias.


Su carrera docente culminó con su jubilación el 20 de julio de 2022, cerrando una extensa y valiosa etapa de servicio a la educación. Paralelamente, el fútbol fue una de las grandes pasiones de su vida.


Comenzó jugando en el barrio y en la escuela, y a los 14 años debutó en Primera División como arquero del Club Defensores de El Espinillo, en una época de gran esplendor del club, presidido por Miguel Rodas. Aquellos años de competencia en la Liga Lagunense de Fútbol marcaron su juventud.


Luego fichó para el Club 24 de Junio de Buena Vista, donde además de competir, forjó amistades que perduran hasta hoy. Al año siguiente pasó a jugar en Clorinda, en la Liga Clorindense, llevado por Ignacio Galarza, compartiendo plantel con jugadores de gran nivel como Beri Gómez, siendo él todavía muy joven.


Más adelante regresó a Laguna Blanca, donde defendió los colores del Club Banco, experiencia que le permitió ser segundo arquero del Club 8 de Diciembre en el Torneo del Interior. Posteriormente fue refuerzo de Atlético Laguna Blanca, enfrentando y compartiendo cancha con destacados jugadores de la región. Con Argentino del Norte de Clorinda logró consagrarse campeón del fútbol clorindense. También jugó en Libertad de Buena Vista, donde obtuvo el campeonato en 2005, y fue campeón en 1994 con Unión de El Espinillo en la Liga Lagunense de Fútbol.


 Participó además en la Liga de Riacho He Hé, donde cosechó grandes amistades, e integró las selecciones de El Espinillo, logrando importantes campañas en torneos federativos.


En 1991, con Unión de El Espinillo, disputó el Torneo del Interior, siendo goleador del plantel con 9 goles, algo poco habitual para un jugador que también se destacó como uno de los mejores arqueros de su época, además de ser un temido delantero número 9. Su carrera deportiva siempre estuvo marcada por la disciplina, el cuidado físico y el profesionalismo. Víctor recuerda con profunda emoción a la camada de jugadores de Unión: un grupo de amigos que entrenaba con compromiso, compartía rondas de tereré y tomaba el fútbol con seriedad. Lograron unir al pueblo detrás de los colores rojos de El Espinillo, en una época memorable que marcó para siempre la historia del fútbol local.


 Pero su vida no se limitó solo al deporte. Víctor es también un apasionado del folclore argentino, destacándose como bailarín, zapateador y malambista. Estas cualidades comenzaron a formarse en la escuela, gracias a maestras y profesores comprometidos. Integró la peña de la señora Magda, donde aprendió a amar profundamente el folclore y a comprenderlo como expresión cultural y forma de vida. Tras cinco años de estudio en Laguna Blanca, viajando cada sábado para formarse, se recibió como profesor de danzas folclóricas. Ese conocimiento le permitió enseñar a numerosos niños y jóvenes en distintas colonias y escuelas, participar en importantes festivales y convertirse en un referente cultural para la región.


En el año 2013, a pedido de su hija, creó la Academia de Danzas “7 de Abril”, que comenzó con alrededor de 70 niños y que con el tiempo fue creciendo. Gracias a esta iniciativa, muchos chicos y chicas tuvieron la posibilidad de bailar, formarse y participar en festivales de El Espinillo y de pueblos vecinos.


Su aporte al folclore local es significativo y continúa vigente hasta hoy. Víctor es padre de Rodrigo Alejandro Cáceres y Daniela Estefanía Cáceres, y orgulloso abuelo de una hermosa nieta, que representa una de las mayores alegrías de su vida.


Recuerda con nostalgia los campeonatos por vaquilla que se realizaban en la parroquia y en la cancha de la municipalidad, donde pasaban noches enteras jugando al fútbol hasta el amanecer.


En la década del 80, esas competencias, junto a los bailes del pueblo, eran la principal atracción, símbolo de una juventud unida por la amistad y la pasión. Hoy, ya jubilado, Víctor Domingo Cáceres continúa dedicándose con compromiso a la Academia 7 de Abril y colaborando con las escuelas que requieren de sus servicios, dejando un legado construido sobre la educación, el deporte, la cultura y los valores, sostenido por la constancia, la humildad y el profundo amor por su pueblo.


Mensaje final de Víctor Domingo Cáceres a la juventud de El Espinillo, a los deportistas y a los folcloristas** Quiero dejar estas palabras a los jóvenes de mi querido El Espinillo, a quienes hoy transitan el camino del deporte, de la cultura y de la vida.


 Mi historia es la de un hijo de este pueblo. Nada fue fácil ni regalado. Todo lo que logré fue gracias al esfuerzo, a la familia, a la educación y al compromiso con lo que elegí hacer. Caí muchas veces, pero siempre me levanté, porque aprendí que rendirse no es una opción.


 A los jóvenes, les digo que estudien, que se formen y que respeten a sus padres, maestros y mayores.


El tiempo pasa rápido, y lo que hoy parece pequeño, mañana será un recuerdo inmenso. Los sueños se cumplen, pero solo si se los trabaja con responsabilidad y constancia.


A los deportistas, especialmente a los futbolistas, les hablo desde la experiencia. El fútbol me dio amigos, alegrías y el orgullo de representar a mi pueblo. Pero me enseñó que el verdadero triunfo está en la disciplina, en el cuidado personal, en el respeto por la camiseta y por el grupo.


 El talento solo no alcanza si no se lo acompaña con compromiso.


A los folcloristas, bailarines y amantes de nuestra cultura, les digo que el folclore es identidad. No es solo bailar: es sentir, es respetar las raíces, es transmitir lo nuestro a las nuevas generaciones. Enseñar folclore es sembrar futuro.


 A lo largo de mi vida entendí que la educación, el deporte y la cultura son los pilares que fortalecen a una comunidad. Por eso sigo enseñando, acompañando y compartiendo lo que aprendí.


Todo lo que uno recibe del pueblo, tiene la obligación moral de devolverlo. Mi mensaje final es simple y sincero: amen su pueblo, defiendan sus valores, respeten sus raíces y nunca se olviden de dónde vienen.


Porque cuando se vive con humildad, compromiso y pasión, el legado permanece y El Espinillo sigue creciendo a través de su gente.

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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