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El fútbol de Riacho He He: memoria, respeto y dignidad

En tiempos donde el respeto en el deporte parece haberse perdido, recordar los logros de la selección de Riacho es un acto de memoria y justicia. Una historia de dirigentes, jugadores y comunidad que supieron defender el honor del fútbol amateur y que hoy invita a reflexionar sobre el deterioro de los valores, la intolerancia y la violencia que atraviesan al deporte local.

21/01/2026 426 vistas
El fútbol de Riacho He He: memoria, respeto y dignidad

Hay trabajos silenciosos que merecen ser reconocidos, aun cuando hoy parezcan invisibles. El de los dirigentes deportivos es uno de ellos. En tiempos donde el respeto se ha vuelto escaso y la descalificación parece moneda corriente, resulta necesario poner en valor a quienes, con esfuerzo y vocación, sostuvieron durante años el fútbol de nuestras comunidades. Este logro de la selección de Riacho merece ser recordado. No solo por el resultado deportivo, sino por lo que significó aquella competencia y el nivel de jugadores que la protagonizaron. Cuánta nostalgia genera rememorar a ese grupo que supo disputar una final del Campeonato Provincial de Selecciones de Fútbol, compitiendo de igual a igual con equipos federados de toda la provincia, a pesar de pertenecer a una liga amateur. Riacho dejó en el camino a selecciones de gran peso, como la de Formosa en semifinales, recorriendo la provincia y haciendo de local en cada cancha. Eso fue posible gracias al acompañamiento incondicional de 500 o 600 personas que, compromiso tras compromiso, alentaban con pasión a un plantel de jugadores y dirigentes que defendían con orgullo el honor del fútbol riachense. Aquel grupo no solo logró resultados: le dio identidad al fútbol local. Instaló el concepto de cantera, de formación genuina de jugadores, y posicionó a Riacho como la mejor liga del interior provincial. Hoy, el contraste duele. Produce impotencia ver cómo el deporte se ha ido deteriorando con el paso del tiempo. No se trata de culpar a la política ni a tal o cual dirigente político. Salvo escasas excepciones.Lo que ocurre hoy es, más bien, el reflejo de una sociedad intolerante, atravesada por la violencia que se multiplica y se legitima desde las redes sociales. La realidad actual es consecuencia de múltiples ausencias: falta de dirigentes comprometidos, falta de preparación física y técnica durante la semana, falta de disciplina. Ya casi no existen clubes que se propongan formar jugadores desde las bases. En muchos casos, se trata apenas de grupos improvisados que se reúnen los fines de semana con un solo objetivo: ganar a cualquier costo para alimentar el ego. Cada vez menos personas quieren asumir el rol de dirigente. ¿Quién estaría dispuesto a trabajar en una comisión directiva cuando el esfuerzo no es valorado y el respeto se ha perdido? Hoy cualquiera insulta, difama y desacredita sin medir consecuencias. El sacrificio, el tiempo y la dedicación parecen no importar. Se vive como si se esperara el día del partido para descargar la furia contra el que no pertenece a mi grupo. Esta realidad atraviesa todas las categorías: primera división, veteranos, fútbol femenino —donde muchas actitudes están muy lejos de representar valores de respeto y, lo más doloroso, el fútbol infantil. Da vergüenza ajena escuchar insultos y ver agresiones que provienen de adultos, incluso de algunas madres, y luego preguntarnos qué nos está pasando como sociedad. La intolerancia que vemos y escuchamos a diario en redes sociales y en el ámbito político se ha trasladado sin filtros al deporte. Falta espíritu deportivo, falta empatía, falta convivencia. Hoy pareciera que impera la ley de la selva. Ojalá quienes tienen poder de decisión apliquen con firmeza la ley del deporte, exijan seguridad en los encuentros y establezcan límites claros. Que permanezcan aquellos equipos e instituciones capaces de ofrecer un espectáculo digno, acorde a quienes aman verdaderamente el fútbol. Porque, como dijo Diego Maradona, una frase que sigue vigente más allá del tiempo y las circunstancias: la pelota no se mancha.

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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