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Epifanio Cristaldo, memoria viva de una vida forjada en trabajo, familia y solidaridad

Nacido en el corazón del Paraguay rural y forjado entre viajes, trabajo de chacra y compromiso comunitario, Epifanio Cristaldo encarna la historia de una generación que hizo del esfuerzo y la solidaridad un modo de vida. A sus 92 años, su memoria lúcida conserva recuerdos de sacrificio, amor familiar y valores que marcaron a comunidades enteras del norte argentino.

22/01/2026 846 vistas
Epifanio Cristaldo, memoria viva de una vida forjada en trabajo, familia y solidaridad

Epifanio Cristaldo nació el 6 de enero de 1934, en Capiatá, Posta Ybycuá, kilómetro 20, en la República del Paraguay. Fue el quinto hermano de una familia trabajadora, hijo de Victoriano Cristaldo y de Fermina Gómez, mujer oriunda de Yaguarón, lugar donde los Gómez conservan hasta hoy profundos lazos familiares. Desde muy joven, Epifanio mostró un espíritu inquieto y aventurero. Le gustaba viajar y conocer nuevos lugares; siendo apenas un adolescente ya conocía Asunción. A los 13 años realizó su primer gran viaje: llegó por primera vez a Clorinda, ingresando por Puerto Elsa. Aquella travesía quedó grabada en su memoria, ya que cruzó acompañado por una mujer que se dedicaba al contrabando y logró pasar gracias a otra señora que dijo que Epifanio era su hijo. Según recuerda don Epifanio, la Clorinda de esa época era muy distinta a la actual: había un solo camino, todo era prácticamente un desierto y no había casi nada construido. En ese lugar se encontró con una amiga de apellido Bogarin, quien le comentó que un tío suyo, Enrique, se encontraba en la zona y que podía ayudarlo a llegar hasta Buena Vista, donde estaba su padre. Luego de esa experiencia, Epifanio regresó a Paraguay. A los 17 años cumplió con el servicio militar obligatorio, prestando servicio en la Intendencia de Guerra. Finalizada esa etapa de su vida, el 26 de julio de 1954 regresó definitivamente a la Argentina, llegando a Buena Vista junto a su padre. Victoriano Cristaldo poseía una chacra en Vista Alegre de aproximadamente 70 hectáreas, adquirida a Eusebio Monjes, a quien conocía por afinidad política, ya que ambos militaban en el Partido Liberal. Fue en esa etapa cuando Epifanio conoció a quien sería su compañera de vida: Marta Ovelar. Ella tenía entonces 15 años y él 22. Contrajeron matrimonio en El Espinillo, siendo casados por Camba Chir en el Registro Civil de dicha localidad. Epifanio recuerda que su casamiento se realizó el 10 de marzo de 1956. El padrastro de Marta era Silvestre González y su madre, Gervacia Alisandri, quienes vivían en Vista Alegre. Durante muchos años, Epifanio y su familia vivieron en Vista Alegre y Villa Real. Entre sus vecinos recuerda con afecto a las familias Chávez, Medina, Portillo, Branquenrider quien fue su compadre y Arce. Allí se dedicó de lleno al trabajo rural: sembró algodón, plantó batata actividad con la que recuerda haber tenido muy buenas ventas y logró progresar comprando tractor con sus herramientas y camionetas para el trabajo. Junto a Marta formaron una familia con cinco hijos, a quienes siempre inculcó valores fundamentales. A todos los hizo estudiar, les enseñó a trabajar y a valorar el esfuerzo y la dignidad del trabajo como base de la vida. Epifanio pasó muchos años de su vida en Vista Alegre. En el año 2017 sufrió una de las pérdidas más dolorosas: el fallecimiento de su esposa Marta, quien murió en sus brazos, un recuerdo que aún hoy lo acompaña con profunda emoción. Tras permanecer un tiempo más en Vista Alegre, decidió mudarse a El Espinillo y, posteriormente, fijó su residencia en Laguna Blanca, donde vive en la actualidad. En el plano político, Epifanio recuerda que su padre fue militante del Partido Liberal en Paraguay, y él mismo también lo fue en su juventud. Sin embargo, desde su llegada definitiva a la Argentina se identificó con el peronismo, militando activamente desde el regreso de la democracia en 1983. Guarda un recuerdo especial de su trabajo y militancia junto a Carlos Sotelo, a quien siempre acompañó con lealtad y convicción. En la actualidad, Epifanio Cristaldo tiene 92 años y conserva una memoria lúcida y cargada de recuerdos de una vida de trabajo y solidaridad. Rememora con orgullo cómo, con su camioneta, prestaba servicio a sus vecinos, trasladando enfermos, mujeres embarazadas y a todo aquel que necesitara ayuda. Con su tractor también colaboraba preparando la tierra de chacras vecinas, siempre dispuesto a dar una mano sin esperar nada a cambio. Además del algodón, Epifanio cultivaba mandioca y poroto, y junto a su familia criaban gallinas, patos y cerdos, lo que les permitía sostener el hogar con esfuerzo propio. Recuerda con nostalgia a su esposa Marta, a quien describe como una mujer muy hermosa. Cuenta que, para tener una fotografía de recuerdo, debieron viajar hasta Clorinda, ya que en aquellos tiempos no era algo habitual ni sencillo. La vida de antes —dice— era mucho más sacrificada: no había luz eléctrica y todo costaba el doble. Sin embargo, existía una fuerte solidaridad entre vecinos. En Vista Alegre, la mayoría eran parientes y se ayudaban mutuamente para salir adelante. Ese espíritu comunitario, basado en el trabajo, el respeto y la unión, es uno de los valores que Epifanio recuerda con mayor orgullo. La vida de Epifanio Cristaldo es testimonio de sacrificio, trabajo, compromiso familiar y participación social. Una historia marcada por la solidaridad, el esfuerzo rural, el amor a la familia y la memoria viva de una comunidad que supo crecer unida.

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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