Jueves, 30 de Abril de 2026
Logo
Logo
INICIO
Locales Provinciales Deportes Nacionales Internacionales Cultura Política Religioso Efemerides Policiales

Powered by Aer Multinet

High Performance Media Solution

Heriberto Dávalos: memoria de un hermano, legado de un soldado

Datos sustraídos del libro Memorias de un Combate, autor Sandro Rojas Filartigas

04/02/2026 533 vistas
Heriberto Dávalos: memoria de un hermano, legado de un soldado

Heriberto Dávalos nació el 20 de abril de 1954, en una colonia cercana a Misión Tacaaglé, provincia de Formosa.


Fue el mayor de nueve hermanos y creció en el campo, en una época en la que la vida transcurría entre caminos de tierra, grandes distancias y un contacto permanente con la naturaleza.


Frente a una colonia aborigen y a más de quince kilómetros del pueblo, su infancia estuvo marcada por la sencillez, el esfuerzo cotidiano y la solidaridad familiar.


En aquellos años, viajar a la ciudad de Formosa o a cualquier otro centro urbano importante era toda una odisea. Los caminos eran precarios y las lluvias los volvían intransitables durante días. La comunicación era limitada y lenta: no había teléfonos ni medios rápidos para transmitir noticias.


Las familias aprendían a vivir con la espera, la incertidumbre y la fe. Amalia Dávalos, su única hermana mujer, recuerda a Heriberto como un protector silencioso. Mientras los hermanos varones intentaban dejarla atrás en los juegos, él siempre intervenía: —“Que se quede… es mi hermanita más linda”. Ella, con la inocencia de niña, le respondía entre risas: —“¡Pero si soy tu única hermana!” Heriberto era inquieto, travieso, imposible de domesticar.


Regresaba tarde de la escuela porque se quedaba jugando en el camino. Su padre, cansado de las excusas, le regaló un caballo para que llegara más rápido, pero el animal se convirtió en parte de sus travesuras: carreras, desafíos y juegos interminables.


Con el paso del tiempo comenzó a ausentarse por varios días. Se iba sin avisar y regresaba como si nada. Su madre lo retaba, pero un abrazo bastaba para disipar cualquier enojo.


Así era Heriberto: libre, afectuoso y con un espíritu difícil de contener. Hasta que un día llegó la cédula de llamado al servicio militar. Cuando su madre se lo mencionó, él respondió con tranquilidad: —“Tranquila mamá, de allí vengo. Ya me presenté”. En abril de 1975 se incorporó al Regimiento de Infantería de Monte 29.


 Regresó a Misión Tacaaglé en algunas oportunidades, durante sus francos. Amalia lo notó distinto: más hombre, más serio, aunque conservando la ternura de siempre. Días antes del 5 de octubre de 1975, Heriberto volvió una vez más al pueblo.


Antes de partir, abrazó a su madre y le dijo: —“Esta es la última vez que los visito. Pronto me darán la baja y regresaré con ustedes”.


Ese regreso nunca ocurrió. El lunes 6 de octubre, el pueblo amaneció envuelto en un silencio extraño, denso. El aire parecía pesado. En el camino a la escuela, un policía preguntó por el padre de Amalia. Algo grave había sucedido.


En la escuela, docentes y alumnos permanecían en silencio. Una maestra, con la voz quebrada, explicó que el Regimiento había sido atacado y que muchos soldados habían muerto. Heriberto era uno de ellos.


 El 5 de octubre de 1975, durante la Operación Primicia, Heriberto Dávalos defendió su puesto con honor y coraje en el Regimiento de Infantería de Monte 29. Tenía apenas 21 años. Cumplió con su deber hasta el final, sin retroceder y sin abandonar a sus compañeros.


_ Poesía Soldado Heriberto Dávalos, valiente y fuerte,


 en octubre del ’75 defendiste nuestra suerte.


 Con honor y coraje, en el Regimiento 29,


 frente a la guerrilla, tu valor brilló como el sol.


Diste tu vida por la patria, en ese día crucial,


en la lucha incansable, te volviste inmortal.


 En Apayerey, tu nombre resonó con fervor,


y el pueblo guarda tu gesta con respeto y honor.


 En el eco de la historia, tu sacrificio perdura,


héroe formoseño, de alma noble y pura.


En la memoria del pueblo, tu nombre quedó,


 y en el corazón de tu hermana, jamás se apagó.


El cuerpo de Heriberto tardó tres días en llegar a Misión Tacaaglé. Las lluvias eran intensas y los caminos de tierra se volvieron casi intransitables.


El ataúd llegó cerrado, envuelto en una bandera argentina.


Su madre nunca pudo despedirse. Durante toda su vida repitió que había llorado y rezado ante un ataúd, porque no pudo ver por última vez a su hijo.


El dolor no terminó allí. Años después, la herida volvió a abrirse cuando otro hijo, Tomás, fue convocado para el conflicto del Canal de Beagle.


 A pesar de todo, los padres siguieron adelante, porque los hijos necesitaban vivir.


En reconocimiento a su valentía y a su entrega, en el año 1977, durante el gobierno militar, se decretó oficialmente que la Colonia Apayerey pasara a denominarse – Soldado Heriberto Dávalos.


Este acto constituyó un homenaje permanente al joven conscripto formoseño que dio su vida defendiendo el Regimiento de Infantería de Monte 29.


Desde entonces, el nombre de Heriberto Dávalos quedó ligado para siempre a esa tierra, transformándose en símbolo de sacrificio, honor y memoria colectiva. Cada 5 de octubre se transformó en un ritual sagrado para la familia.


La madre lloraba desde que salían de Misión Tacaaglé hasta que regresaban del homenaje. Amalia, aun viviendo durante años en Buenos Aires, jamás dejó de asistir. Desde que regresó definitivamente a su pueblo, no ha faltado nunca.


Antes de viajar, pasa por la tumba de su hermano, reza y le pide fuerzas.


 El sentimiento que le deja cada acto es ambiguo: tristeza por la ausencia y, al mismo tiempo, una profunda serenidad por la memoria viva.


Amalia observa a los soldados formados y siente que Heriberto podría estar allí, junto a ellos, sonriendo.


Su madre siempre les decía: —“Tenemos un ángel en el cielo. Él nos cuida, nos guía y nos ve”. Y así vive Heriberto Dávalos: en la memoria de su familia, en el recuerdo del pueblo, en cada acto, en cada 5 de octubre, en cada rincón del monte formoseño. Porque hay heridas que no cierran jamás. Pero también hay nombres que nunca mueren.

¿Te gustó esta noticia?

Ayúdanos compartiéndola con tus amigos

Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

Te puede interesar

j