Viernes, 01 de Mayo de 2026
Logo
Logo
INICIO
Locales Provinciales Deportes Nacionales Internacionales Cultura Política Religioso Efemerides Policiales

Powered by Aer Multinet

High Performance Media Solution

La historia del agua que brotaba en el cementerio de Isla Azul

Durante años, en un panteón del cementerio de Isla Azul, jurisdicción de El Espinillo, un hecho inexplicable marcó la memoria colectiva: del nicho de María Gloria Fleytas brotaba agua que muchos creían curativa, dando origen a relatos de fe, largas caminatas y una historia que aún perdura en la memoria de nuestra gente.

17/01/2026 887 vistas
La historia del agua que brotaba en el cementerio de Isla Azul

En el cementerio de Isla Azul, jurisdicción de El Espinillo, ocurrió durante muchos años un hecho que aún hoy permanece vivo en la memoria de la gente. El fenómeno tuvo lugar en un panteón donde descansaban los restos de María Gloria Fleytas, joven fallecida en el año 1973. Quienes fueron testigos aseguran que, de manera inexplicable, del nicho cubierto con cerámicas brotaba agua desde sus paredes, un suceso que se repitió durante largo tiempo. Numerosos vecinos, entre ellos quienes relatan esta historia, pudieron ver con sus propios ojos cómo el agua surgía del interior del nicho. Con el correr de los años, el hecho comenzó a comentarse y rápidamente se difundió por toda la zona. Muchos afirmaban que esa agua tenía propiedades curativas, que aliviaba dolores y ayudaba a sanar. Así, personas de distintos puntos se acercaban al cementerio con la esperanza de llevar un poco de aquel agua que, según decían, “curaba”. Una de las versiones más recordadas está ligada a la madre de María Gloria. Se decía que cuando ella acudía al panteón a llorar a su hija, el agua volvía a brotar con mayor fuerza, como acompañando su dolor. De manera llamativa, el fenómeno cesó definitivamente tras el fallecimiento de la madre, y desde entonces nunca más volvió a repetirse. Entre las tantas historias que surgieron alrededor de este hecho, se destaca la anécdota de una vecina que, siendo joven, caminaba junto a su abuela desde El Espinillo. Salían muy temprano, antes de que el sol calentara el camino, y recorrían largas distancias hasta la casa de la familia y luego hasta el cementerio de Isla Azul. El viaje era largo y agotador, una verdadera odisea, pero lo hacían movidas por la fe y la esperanza. Al llegar al panteón, recogían con cuidado el agua que brotaba del nicho, como si se tratara de algo sagrado. Luego emprendían el regreso, muchas veces volviendo ya de tardecita, cansadas pero con la tranquilidad de haber cumplido con aquello que creían necesario. Para ellas, no era solo un viaje en busca de agua, sino un acto de amor, de fe y de confianza en aquello que la tradición y los relatos transmitían. Hoy, estas historias forman parte de la memoria colectiva de nuestra gente. Son relatos que hablan de creencias, de esfuerzo, de vínculos familiares y de un tiempo en el que la fe y la esperanza guiaban largas caminatas. Aunque el fenómeno ya no ocurre, la historia del agua que brotaba en el panteón de Isla Azul sigue viva, transmitida de generación en generación como parte de la identidad de la región

¿Te gustó esta noticia?

Ayúdanos compartiéndola con tus amigos

Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

Te puede interesar

j