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Las ausencias también gobiernan

05/07/2026 792 vistas
Las ausencias también gobiernan

En política, no solo hablan las palabras. También hablan los gestos. Y, muchas veces, las ausencias dicen más que cualquier discurso.


Días atrás, una institución educativa de nuestra localidad celebró un aniversario muy significativo. No fue un acto más. Fue el reconocimiento a décadas de trabajo, al compromiso de docentes, directivos, estudiantes, exalumnos y familias que hicieron de esa escuela un verdadero símbolo para uno de los barrios más populares de nuestro pueblo.


Las autoridades municipales y el concejal que representa al oficialismo en el Concejo Deliberante fueron invitados formalmente a participar de esa celebración. Sin embargo, decidieron no asistir.


Cada funcionario podrá explicar sus motivos. Pero la ciudadanía también tiene derecho a preguntarse qué mensaje deja una silla vacía cuando un pueblo homenajea a una de sus instituciones más importantes.


Las escuelas no pertenecen a un partido político ni a un gobierno de turno. Son patrimonio de toda la comunidad. En ellas se educan los hijos de quienes votaron al oficialismo, de quienes eligieron a la oposición y también de quienes no participaron de ninguna elección. Por eso, acompañar a una institución educativa nunca debería depender de conveniencias políticas ni de preferencias personales. Es un acto de respeto institucional.


 Lo que más preocupa es que este episodio no aparece como un hecho aislado. Muchos vecinos recuerdan que una situación similar ocurrió anteriormente durante un acto de otra institución educativa de nuestra localidad. Cuando las ausencias comienzan a repetirse, dejan de ser una casualidad y pasan a convertirse en una señal política que la comunidad tiene derecho a interpretar.


Resulta inevitable advertir un contraste que también comentan numerosos vecinos. Con frecuencia se observa al intendente y al concejal oficialista participando de actos protocolares, inauguraciones y celebraciones en otras localidades de la provincia, donde representan institucionalmente al municipio. Esa presencia es permanente y visible. Sin embargo, cuando se trata de acompañar acontecimientos trascendentes dentro de nuestra propia comunidad, esa presencia muchas veces no existe.


 Y es allí donde surge una pregunta que merece una respuesta: ¿cómo se explica que haya tiempo para asistir a actos fuera de la localidad y no para acompañar el aniversario de una institución educativa que forma parte de la historia de nuestro pueblo?


 La representación institucional comienza en casa. Nadie cuestiona que las autoridades participen de actividades provinciales o regionales. Al contrario, forman parte de sus funciones. Pero esa responsabilidad no puede reemplazar ni desplazar el compromiso con las instituciones locales, que son las que todos los días sostienen la educación, la cultura y la identidad de la comunidad.


Gobernar no consiste únicamente en administrar recursos provenientes de la coparticipación, ejecutar obras o anunciar proyectos. Gobernar también significa estar presente, acompañar, escuchar y valorar a las instituciones que construyen el tejido social. Porque una gestión no solo se evalúa por el asfalto que inaugura o las cuentas que administra, sino también por el respeto que demuestra hacia su propia comunidad.


 Los funcionarios pasan. Las instituciones permanecen. Los cargos son transitorios; las escuelas continúan formando generaciones de ciudadanos. Por eso, cada gesto de reconocimiento fortalece el vínculo entre el Estado y la sociedad. Del mismo modo, cada ausencia deja una huella que difícilmente pueda borrarse con explicaciones posteriores.


 Un intendente y los concejales representan a todos los vecinos, sin distinción de barrios, ideas o preferencias políticas. Esa representación se ejerce todos los días y, muchas veces, en los gestos más sencillos: acompañar una celebración, reconocer una trayectoria y compartir un momento que forma parte de la memoria colectiva.


 Porque cuando una autoridad está ausente en un acontecimiento tan significativo para una institución educativa, la comunidad tiene derecho a sentirse desilusionada. No porque un acto necesite funcionarios para tener valor, sino porque quienes ocupan cargos públicos tienen el deber de acompañar a las instituciones que son el corazón de un pueblo.


 La política necesita recuperar algo esencial: la cercanía. La presencia no resuelve todos los problemas, pero demuestra respeto. Y el respeto también es una forma de gobernar.


Al final, los vecinos no solo recuerdan las obras que hicieron sus gobernantes. También recuerdan quiénes estuvieron presentes cuando la comunidad los convocó y quiénes eligieron no estar. Porque, en definitiva, las ausencias también gobiernan.

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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