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Minino Enciso, el hombre que puso en hora a El Espinillo

Desde 1978, Juan Edmidio “Minino” Enciso ejerce la relojería en El Espinillo, convirtiéndose en el primer relojero del pueblo y en un testigo silencioso del paso del tiempo, manteniendo vivo un oficio artesanal que hoy lucha por no desaparecer.

09/01/2026 1,536 vistas
Minino Enciso, el hombre que puso en hora a El Espinillo

Cuando El Espinillo apenas comenzaba a crecer, en el año 1978, un joven oriundo de Apayerey decidió apostar por un oficio tan preciso como noble. Su nombre es Juan Edmidio Enciso, aunque para todos es simplemente “Minino”, el hombre que, con paciencia y dedicación, terminó por poner en hora a todo un pueblo. Ese mismo año, Minino obtuvo su permiso municipal durante la intendencia de Víctor Consentino, con Beba Chir como secretaria, un paso clave que le permitió abrir su primera relojería en el recordado “local del peruano”, sobre la avenida 9 de Julio. Fue allí donde comenzó a ganarse la confianza de los vecinos, reloj en mano, tic tac a tic tac. El 31 de mayo de 1978, la historia sumó un nuevo capítulo: la relojería se trasladó a la calle 12 de Octubre, donde hasta el día de hoy sigue funcionando Relojería Enciso Dette, un lugar que ya es parte del patrimonio cotidiano de El Espinillo. A lo largo de más de cuatro décadas, Minino no solo reparó relojes. También vendió piezas, compró oro y alhajas, y, sobre todo, atendió a generaciones enteras de vecinos, que pasaron por su mostrador llevando desde un viejo reloj heredado hasta un simple despertador con historia familiar. En tiempos donde la tecnología avanza a pasos agigantados y los oficios artesanales se vuelven cada vez más raros, Enciso sigue trabajando con la misma paciencia de siempre. Sus manos, curtidas por los años y la experiencia, continúan devolviéndole vida a mecanismos que parecían perdidos, demostrando que no todo puede ni debe ser descartable. Más que un relojero, Minino Enciso es parte viva de la memoria del pueblo. Cada reloj que arregla no solo vuelve a marcar la hora, sino que también guarda recuerdos, historias y el paso silencioso del tiempo de El Espinillo. Porque mientras haya alguien que crea en el valor del trabajo bien hecho, el tiempo no podrá borrar las historias que se construyen con dedicación y amor por el oficio.

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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