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Odilón Silva, “Lucifer”: el hombre que dejó su huella en Apayerey

Odilón Silva, conocido por todos como “Lucifer”, fue uno de los personajes más recordados de Apayerey. Un hombre religioso, servicial, amante del fútbol y profundamente querido por la comunidad. Su vida estuvo marcada por la fe, el deporte, las oraciones y también por las historias y misterios que lo rodeaban.

10/02/2026 410 vistas
Odilón Silva, “Lucifer”: el hombre que dejó su huella en Apayerey

Odilón Silva, alias “Lucifer”, era oriundo de Asunción del Paraguay.


Fue un señor mayor, de rostro poco agraciado, y tal vez por eso se le dio ese apodo. Sin embargo, detrás de esa apariencia se escondía un hombre profundamente religioso. Según contaba, había estudiado en el seminario en Asunción, con el sueño de convertirse en sacerdote. Pero luego abandonó esa vida y se dedicó al deporte. Incluso llegó a jugar en la selección paraguaya. Con el tiempo se retiró y, por cosas de la vida, terminó llegando a Apayerey.


En el pueblo, Don Silva se convirtió en una figura indispensable: era el encargado de los rezos de las novenas, acompañaba a las familias cuando alguien fallecía, enseñaba catecismo y era un gran deportista.


Era fanático del Club 1º de Mayo, por sus colores similares a los de la selección paraguaya. Se dedicaba a enseñar a los jugadores cómo patear, cómo pararse en la cancha y cómo moverse durante el partido. Cuando el club ganaba, tenía una costumbre muy particular: se revolcaba de un arco al otro gritando con entusiasmo: “Apayereyreyreyreyrey.”


Don Odilón era un hombre muy sabio, con una gran formación. A veces hablaba de temas que la gente del lugar no conocía, y algunos vecinos, desde la ignorancia, se burlaban de él. No tenía familia en Apayerey y vivía solo, pero apreciaba a todos.


Era servicial: acompañaba a los enfermos al hospital, hacía mandados, changas y en las fiestas actuaba como mozo. Vivió en distintas casas: en lo de Doña Chuta, Doña Ña Buena, Don Silvio Delvalle, Don Giménez. Su vestimenta lo identificaba siempre: un saco viejito, una gorra, y una forma muy particular de caminar.


 Además, enseñaba fútbol a niños y jóvenes, y muchas veces actuaba como árbitro o lineman.


 Anécdota 1: el arquero inesperado Un día, durante un cuadrangular realizado en 1º de Mayo, el arquero titular se lesionó y el equipo se quedó sin portero. Don Silva se quedó en el arco. El equipo llegó a la final, y el partido terminó en penales. Don Odilón atajó cuatro penales, y así el Club 1º de Mayo ganó el cuadrangular.


Anécdota 2: rezos por la lluvia Don Silva enseñaba a rezar a los niños. Durante una gran sequía, reunió a familias, niños, jóvenes en la capilla para rezar por lluvia. Les dijo que debían quererse más, dejar de pelear por pavadas, porque la gente no se quería lo suficiente, y por eso Dios los llamaba la atención con la falta de agua. Entre los presentes estaba Martinei, quien le reclamó porque lo miraba solo a él y dijo: —Yo no vengo a la iglesia porque no sé rezar. Entonces la gente se largó a reír. Uno de sus pedidos constantes era que las familias rezaran, porque, según él, el demonio existe.


 Anécdota 3: el hombre de las oraciones Odilón Silva fue un personaje fascinante. Curaba con oraciones las plantaciones de algodón, curaba perros cuando los picaba una víbora, y rezaba el rosario en recordación de los difuntos. Esto es lo real, aunque en la fantasía de un niño cabía mucha imaginación. Cuando una familia se mudó a Apayerey, el narrador tenía 6 o 7 años. Su padrastro lo llamaba seguido, y Don Silva siempre andaba por la casa. El niño charlaba mucho con él. Don Odilón le contó que había jugado contra Brasil cuando jugaba Pelé, pero que se metió en ciencias ocultas y no pudo pasar la tercera prueba. Eso le hizo perder el sentido, y a veces lo hacía desvariar. Decía que tenía visiones, lo cual al niño le daba miedo.


Un año, cuando las orugas y lagartos colorados estaban destruyendo el algodón, Don Silva pidió que el niño lo acompañara a curar el algodonal. En la cabecera de la chacra, le dijo que rezara el Padre Nuestro, mientras él decía otra oración. También le pidió mantenerse a un metro de distancia. Mientras caminaban, las orugas empezaban a caer al suelo como si alguien estuviera echando veneno. El niño decía: —Lucí, mirá, se están cayendo… Pero Don Silva le hizo señas de que se callara hasta llegar a casa.


 Odilón tenía la costumbre de hablar solo. Decía “mamá” constantemente, como si una voz no lo dejara en paz. Por eso se refugiaba en el rezo. Rezaba mucho el Rosario y cantaba el purajei ñembo’e, cuando las familias se juntaban a cantar. Sabía muchos cantos. Era un hombre amigable, introvertido, y se ganó el corazón de todas las familias. Aunque se decía que había entregado su alma al Diablo, fue todo lo contrario: fue un hombre dedicado a Dios, que se refugió en la fe y acompañó a las familias en los velatorios.


El final de Don Odilón Silva Don Odilón Silva, “Lucifer”, falleció en Apayerey durante uno de sus ataques de esquizofrenia. Corrió y se cayó gritando que el demonio quería llevárselo, frente a la capilla de San Roque. Fue velado en la casa de Doña Ña Buenaventura Villalba.


 Los vecinos sintieron profundamente su muerte, porque supo ganarse el cariño del pueblo. Con el paso del tiempo, se lo recuerda siempre en las reuniones familiares. Sus restos descansan en el cementerio de Apayerey.


Fue un hombre que llegó y se quedó. Pasó muchas navidades y años nuevos en casas de familias del lugar.


Un hombre solo, pero que dejó su marca imborrable en este querido pueblo.


Esta historia fue extraída del libro “Apayerey cuenta su historia”.

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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