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Paí Curuzú: la Cruz del Sacerdote

“Paí Curuzú”, en lengua guaraní, significa “Cruz del Sacerdote”.

30/12/2025 736 vistas
Paí Curuzú: la Cruz del Sacerdote

Paí Curuzú: la Cruz del Sacerdote “Paí Curuzú”, en lengua guaraní, significa “Cruz del Sacerdote”. Este sitio recuerda un hecho ocurrido el 30 de noviembre de 1914, cuando el sacerdote franciscano Fray Pedro Antonio Paulón perdió la vida víctima del calor y la sed en el monte formoseño, durante un viaje desde Laguna Blanca hacia la Misión Franciscana de San Francisco Solano de Tacaaglé. La Misión Franciscana Fue fundada en 1901 por los franciscanos, a orillas del río Pilcomayo, frente a General Bruguéz (Paraguay). En 1902 fue trasladada tierra adentro, a la zona de Tacaaglé.


Tras un nuevo traslado iniciado en 1914, la misión quedó establecida definitivamente en 1917, donde aún perdura su legado. Cuando Fray Antonio Paulón se hizo cargo de la misión y de su construcción, los propios misioneros afirmaron que era un sacerdote competente. En solo ocho meses de labor asidua y penosa, logró triplicar el número de indígenas vinculados a la misión. Además, consiguió frenar la cosecha de algarroba destinada a la chicha, con el fin de que los indígenas trabajasen en la misión y que sus hijos e hijas se iniciaran en la enseñanza práctica.


El monte formoseño El contexto era extremadamente duro: calor sofocante, mosquitos, polvorines y largas distancias sobre caminos apenas abiertos. La vegetación estaba compuesta por aromitas, algarrobos, ceibos, carandás y chañares, que ofrecían sombra insuficiente. El matorral de espinillos y cardones, junto con pajonales que se mezclaban con el aire caliente, hacían más penosa la travesía. Los desplazamientos se realizaban a pie, a caballo o en carros de bueyes. Fue en ese marco que ocurrió la tragedia. Cuesta imaginar, a más de cien años de distancia, el sufrimiento de este religioso transitando entre senderos casi imperceptibles, bajo un sol severo y un cielo que reflejaba el calor ardiente.


Cada paso estaba marcado por el cansancio y el murmullo de los insectos, mientras la vegetación imponía su fuerza. La movilidad era lenta: se viajaba a pie, a caballo o en carros tirados por bueyes, sobre sendas apenas visibles. Fue en esas condiciones extremas que Fray Paulón, acompañado por un guía indígena, tomó la decisión que marcaría su destino. El 30 de noviembre de 1914, el sacerdote emprendió viaje acompañado por un joven indígena llamado Pedrito Sogagachi. El recorrido, de unos 30 km, iba desde la Primera Punta hasta Tacaaglé, con el objetivo de observar la situación de los aborígenes en la zona. En el trayecto, cerca del estero Bacalda, descansaron bajo la sombra de un ceibo.


 El padre Paulón, cansado, desensilló su caballo, se recostó y le pidió a su acompañante que fuera a buscar agua con la caramayola. Al regresar, Pedrito lo encontró con la cabeza hacia abajo, aparentemente dormido. No quiso despertarlo y se acostó a su lado.


Sin embargo, al intentar moverlo, descubrió que estaba muerto, víctima de la insolación, del sol, calor y de la sed. En el sitio de su muerte, llamado Punta Yajapé (a 8 leguas de la misión de Tacaaglé), se erigió primero una cruz de madera como homenaje. El joven, asustado, corrió hasta la casa más cercana, la de Manucho Zárate, a unos 5 km, en la zona de El Espinillo, donde desde 1905 ya se habían asentado algunas familias. Enterada la policía(Laguna Blanca), en Punta Yajapé, sobre el camino de Clorinda a Tacaaglé, el carpintero Miguel Soto construyó el cajón.


Los restos fueron sepultados primero en una pequeña capilla de la antigua misión de Tacaaglé, conocida como Laguna de los Chajhas. Posteriormente, fueron trasladados a la Catedral del Territorio Nacional de Formosa, y finalmente en 1969 a su lugar definitivo: el Cementerio Conventual San Carlos Borromeo de San Lorenzo (Santa Fe), donde había sido ordenado sacerdote.


 En el sitio de su muerte se erigió inicialmente una cruz de madera. En 1927, el franciscano José F. Zurfluh, con la ayuda de niños de la misión y de los pueblos tobas y Pilagás, colocó bajo aquel mismo ceibo una cruz más firme y una lápida de mármol, con la inscripción: “Aquí, en este lugar solitario, lejos de los hombres, más cerca de Dios, falleció el virtuoso religioso franciscano R. P. Antonio Paulón el 30 de noviembre de 1914. Sus hermanos en Cristo le dedican este recuerdo.” Desde entonces, el sitio se conoce como Paí Curuzú, visitado por vecinos y viajeros como símbolo de fe y memoria. Ubicación actual Hoy, el monumento histórico de Paí Curuzú se encuentra sobre la Ruta Nacional 86, en el límite entre Buena Vista y El Espinillo: Si se viaja hacia Tacaaglé, se lo observa a la izquierda de la ruta. Si se viene desde Tacaaglé, aparece a la derecha. Línea de Tiempo Histórica • 1901: Fundación de la misión franciscana en el río Pilcomayo. • 1902: Traslado de la misión a Tacaaglé. • 1905: Asentamiento de familias en la zona de El Espinillo. • 1910: Se instala en la zona de San Blas la familia Consentino. • 1914: Muerte de Fray Pedro Antonio Paulón en el monte, entre El Espinillo y Buena Vista. • 1917: La misión queda establecida definitivamente en Tacaaglé. • 1917:18 de octubre Tragedia de Bacalda “familia Consentino” • 1927: Colocación de cruz y lápida de mármol por Fray José F. Zurfluh junto a tobas y Pilagás. • 1969: Los restos de Fray Paulón son trasladados a San Lorenzo (Santa Fe). Entre la dureza del monte formoseño y la entrega pastoral, la figura de Fray Pedro Antonio Paulón quedó ligada para siempre a la historia de la región. Su competencia misionera, su cercanía con los pueblos originarios y su trágica muerte dieron origen a un lugar de memoria que aún hoy permanece: Paí Curuzú, la Cruz del Sacerdote.

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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