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Ramón “Yugo” Maidana: una vida de trabajo, memoria y raíces en El Espinillo

Llegó a los 16 años invitado por su cuñado, cuando las calles eran de tierra y la luz se cortaba a diario. De ayudante en una estancia a dueño de su propio taller, y de oyente de radio a apasionado hincha de River Plate, la vida de Ramón “Yugo” Maidana quedó unida para siempre a la historia y la memoria de El Espinillo.

29/01/2026 700 vistas
Ramón “Yugo” Maidana: una vida de trabajo, memoria y raíces en El Espinillo

En 1971, un joven de 16 años llamado Ramón Maidana dejó por primera vez su Quitilipi natal para emprender viaje rumbo a El Espinillo. Lo había invitado su cuñado, Juan Yergovick, que ya trabajaba como mecánico en la estancia de la familia Stoll. La Ruta Nacional N° 86 estaba asfaltada solo hasta Palma Sola; desde allí, el resto del camino era de tierra, polvo y baches que sacudían el cuerpo y el ánimo, pero no las ganas de llegar.


El Espinillo de aquellos años era pequeño y rústico. Las calles, todas de tierra, se llenaban de barro cuando llovía y de polvareda en verano. La energía eléctrica llegaba gracias a un generador que funcionaba apenas 18 horas al día, marcando el ritmo cotidiano del pueblo.


Ramón llegó durante las vacaciones escolares, ya que aún no había terminado la primaria. Ayudó en el almacén de la estancia, que abastecía a los peones, y conoció de cerca la vida del lugar. Terminadas las vacaciones, regresó a Quitilipi para culminar sus estudios.


 En 1976 le tocó cumplir con el servicio militar obligatorio, la recordada “colimba”. Tras esa etapa, en 1979 volvió definitivamente a El Espinillo y comenzó a trabajar en la bicicletería y gomería de don Rolando “Pololo” López. Entre ruedas, cámaras y parches descubrió un oficio que lo apasionaba y que marcaría el rumbo de su vida.


En 1982 se casó con la docente Norma Martínez, con quien formó su familia. Dos años más tarde, en 1984, decidió independizarse y abrir su propio taller de bicicletería y gomería en la esquina de calle Belgrano y avenida 9 de Julio. Ese mismo año, su madre también se trasladó al pueblo, y la familia se afianzó definitivamente en la comunidad.


Su taller no solo se convirtió en un lugar de trabajo, sino también en un punto de encuentro para vecinos y viajeros. Durante años, “Yugo” prestó servicio a la comunidad reparando bicicletas, motos y neumáticos, muchas veces sin mirar el reloj ni calcular el esfuerzo, porque entendía que en un pueblo pequeño la ayuda siempre vuelve.


Con el paso del tiempo, fue testigo directo del progreso de El Espinillo: la llegada del asfalto a las calles, la ampliación de la energía eléctrica, la apertura de nuevos comercios y el arribo de nuevas familias. Desde su rincón de trabajo vio transformarse al pueblo que lo recibió siendo joven y al que él le entregó toda una vida.


Pero Ramón Maidana no es solo reconocido por su oficio y su historia de trabajo. Es, sin discusión, el hincha de River Plate más conocido del pueblo. Su nombre está ligado al fútbol, a las charlas de vereda y a esos recuerdos que atraviesan generaciones. Cuando habla de River, no solo habla de goles y campeonatos, sino de una forma de vivir y compartir que marcó a toda una comunidad.


Recuerda que años atrás los partidos se escuchaban por la radio. Eran tiempos en los que la imaginación hacía su trabajo: cada relato se convertía en una jugada épica y cada gol se gritaba sin haberlo visto, pero sintiéndolo igual o más fuerte. La radio era el centro de reunión y el sonido, muchas veces entrecortado, no apagaba la pasión.


Con el tiempo llegaron los televisores a batería. Eran pocos, pero alcanzaban para reunir a vecinos, amigos y familiares alrededor de una pantalla chica, en blanco y negro, donde River empezaba a verse y no solo a escucharse. Cada partido era un acontecimiento, y Ramón siempre estaba ahí: atento, comentando, sufriendo y celebrando.


 Finalmente, la televisión eléctrica marcó otra etapa. Ver los partidos con mayor claridad parecía un lujo, pero la esencia seguía siendo la misma: compartir, emocionarse y defender los colores. Ramón Maidana fue testigo de todos esos cambios, sin perder jamás la pasión por River Plate. Para él, River no es solo un club: es parte de su vida y de la memoria colectiva del pueblo.


En cada bicicleta que vuelve a rodar, en cada neumático que recupera el camino y en cada saludo que cruza por la vereda, está la huella de Ramón “Yugo” Maidana. Su historia es la de muchos que llegaron buscando un lugar y terminaron encontrando un hogar.


Testigo del pasado y partícipe del presente de El Espinillo, su vida recuerda que el progreso de un pueblo no solo se mide en obras y calles asfaltadas, sino en las manos que trabajan, los corazones que se quedan y las personas que, con su ejemplo, enseñan a querer el lugar donde se vive.

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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