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Virgilio Insfrán: el intendente que gobernó con humildad y cercanía en El Espinillo

En tiempos donde la política se construía con la palabra, el apretón de manos y la presencia cotidiana, Virgilio Insfrán dejó una huella profunda en El Espinillo. Segundo intendente tras la vuelta de la democracia y último radical en gobernar la localidad, su historia es la de un hombre sencillo, trabajador y comprometido, que entendió el rol del intendente como el de un servidor del pueblo, siempre cercano a los vecinos y guiado por la honestidad y el respeto.

24/01/2026 785 vistas
Virgilio Insfrán: el intendente que gobernó con humildad y cercanía en El Espinillo

Cuando se habla de política con corazón, compromiso y verdadera vocación de servicio en El Espinillo, surge inevitablemente el nombre de Virgilio Insfrán, nacido el 24 de noviembre de 1953 en Tres Lagunas. Fue el segundo intendente tras la vuelta de la democracia y el último intendente radical en gobernar la localidad, entre 1987 y 1991, en una etapa donde la política se ejercía con presencia, cercanía y responsabilidad. Hablar de Virgilio Insfrán es hablar de un tiempo donde la política se hacía cara a cara, donde el intendente no se escondía detrás de un escritorio, sino que caminaba las calles, escuchaba a los vecinos y respondía con la palabra empeñada y el apretón de manos como garantía de confianza. Un tiempo donde el cargo no alejaba, sino que acercaba. En aquellos años, las elecciones eran verdaderas batallas de ideas y convicciones. Radicales, desarrollistas y peronistas disputaban voto a voto, con una pasión intensa que marcaba a fuego la vida política del pueblo. En ese escenario exigente, Virgilio supo destacarse no por la confrontación, sino por su conducta respetuosa, su forma serena de expresarse y su capacidad de convivir con el que pensaba distinto. Hijo de Víctor Ceferino Insfrán e Hipólita Miers, Virgilio creció junto a seis hermanos en un hogar donde el trabajo, la humildad y el respeto eran valores fundamentales. Desde muy joven aprendió a compartir la vida entre la chacra familiar, donde se cultivaba algodón y hortalizas, y el comercio en Dabicu SRL. Ese recorrido cotidiano le permitió conocer de cerca a los vecinos de El Espinillo y la zona, comprender sus necesidades reales y forjar un vínculo sincero de respeto y confianza que lo acompañaría toda su vida. En 1979 conoció a Nery Silvera, su compañera de vida, con quien formó una familia y tuvo cuatro hijos (uno fallecido, Aldo, Víctor y Rebeca). Juntos levantaron su casa y un pequeño comercio, que atendían personalmente con esfuerzo y dedicación. Ese local no fue solo un negocio: fue un lugar de encuentro, de charla, de escucha. Allí Virgilio aprendió —y practicó— el arte de atender y recibir, de escuchar antes de hablar, de tratar a cada persona con la misma consideración, sin importar quién fuera. Su honestidad, su manera sencilla de expresarse, su trato amable y respetuoso y su disposición permanente para escuchar hicieron que los propios vecinos lo impulsaran como candidato a intendente. Al principio no aceptó; no buscaba el poder ni el reconocimiento. Recién cuando un amigo lo convenció de que el pueblo necesitaba a alguien así, decidió dar el paso. En 1987 aceptó el desafío y, gracias a la alianza con la Lista Verde, se impuso en una elección reñida frente a Lidia Penayo de Kulman (PJ). Ya como intendente, ejerció el rol con una premisa clara: gobernar es servir. Su gestión se recuerda por el diálogo constante, la puerta abierta para todos los vecinos, el respeto hacia cada sector político y social, y obras concretas que marcaron un antes y un después: la primera iluminación de la avenida principal y la rotonda, mejoras en el polideportivo, y una administración ordenada, honesta y cercana. Virgilio entendía que un intendente no está para dividir, sino para unir, y solía repetir una idea que guió toda su gestión: “Gobernar sin distinción de partidos, siempre al servicio del pueblo.” Después de su mandato, continuó aportando a la vida política como concejal radical entre 1993 y 1997, en tiempos donde las internas dentro de la UCR eran intensas y apasionadas. Incluso en esos momentos difíciles, volvió a destacarse como un hombre dialoguista, respetuoso, convencido de que la política es una herramienta de transformación, pero sobre todo de servicio a la comunidad. Hoy, ya jubilado, sigue dedicado al comercio, conservando intacta su esencia: la del hombre bonachón, humilde y cercano, que saluda a todos, que escucha, que aconseja sin imponer. Los vecinos aún lo consultan porque su palabra sigue siendo guía, y su experiencia, un faro para las nuevas generaciones. Virgilio Insfrán no es recordado solo como el último intendente radical de El Espinillo, sino como un dirigente que supo ejercer el poder con humildad, con respeto, con trato humano y con una profunda vocación de servicio, demostrando que la política, cuando se hace con honestidad y cercanía, deja una huella que trasciende los años. “La verdadera grandeza de un líder se mide en la confianza y el cariño que logra sembrar en quienes lo rodean.”

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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