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¿Cómo sostener un proyecto de mayorías si nos desgarramos desde adentro?

15/02/2026 548 vistas
¿Cómo sostener un proyecto de mayorías si nos desgarramos desde adentro?

¿Cómo sostener un proyecto de mayorías si nos desgarramos desde adentro?


 El peronismo nació como un movimiento de unidad nacional y justicia social. Su fuerza histórica jamás estuvo en la fragmentación, sino en su capacidad de construir mayorías, organizar al pueblo y proyectar un destino común.


Por eso, hoy resulta especialmente peligroso que las diferencias internas deriven en ataques personales, operaciones o descalificaciones entre compañeros.


Desde la concepción del Modelo Formoseño, la política no es un campo para vanidades individuales ni disputas estériles, sino una herramienta colectiva al servicio del pueblo.


La conducción no se ejerce desde el ruido, sino desde la organización. Y la unidad no es una consigna vacía: es una condición imprescindible para sostener cualquier proyecto de justicia social.


En este sentido, resuena con fuerza una frase que el compañero Gildo Insfrán repite como enseñanza permanente, casi como un principio doctrinario: “Unidos somos invencibles.” No es una expresión retórica. Es una verdad política profunda. Cuando el movimiento está unido, cuando hay organización y conducción, no hay fuerza capaz de quebrar la voluntad de un pueblo que camina junto.


 En cambio, cuando se multiplican las internas destructivas, los ataques entre compañeros y las disputas estériles, se abre la puerta a los verdaderos adversarios del campo nacional y popular.


Pero también es necesario decirlo con total claridad: la unidad no puede limitarse solo a quienes están dentro del gobierno o de una estructura formal.


En cada pueblo, en cada barrio, existen compañeros y compañeras de otras agrupaciones, militantes que no ocupan cargos, que no forman parte del oficialismo local, pero que siguen siendo parte del mismo campo nacional. No son enemigos. Son compañeros. Basta de perseguirlos, de señalarlos o de tratarlos como si fueran obstáculos.


Porque cada vez que el peronismo se divide, el único que gana es el adversario. Y cada vez que se margina a un compañero, se debilita la comunidad organizada.


 Las internas que se vuelven agresión no debilitan solo a los dirigentes: debilitan al pueblo, porque generan desencanto, confusión y desmovilización.


Cuando el movimiento se consume en peleas menores, pierde su razón de ser: representar a las mayorías y defender a los que más necesitan.


Por eso, la unidad debe ser entendida como lo que realmente es: una herramienta histórica de liberación. Como enseña el Modelo Formoseño: Unidad, organización y solidaridad. Hoy más que nunca, el peronismo  necesita construir una nueva épica material, productiva e inclusiva. Pero eso solo será posible si se recupera el sentido profundo de comunidad organizada: nadie se realiza en una patria que se fragmenta.


  Y esa actualización exige un principio básico: la unidad no se declama, se practica. Ha llegado el momento de llevar a la práctica el mensaje del compañero Gildo Insfrán: UNIDAD. Menos ataques entre nosotros, más compromiso con el pueblo. Menos internas estériles, más organización y solidaridad. Más compañeros, más comunidad, más futuro. Porque, como nos recuerda siempre: “Unidos somos invencibles.”

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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