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¿Candidatos o dirigentes? Cuando la política se confunde con la foto

25/01/2026 820 vistas
¿Candidatos o dirigentes? Cuando la política se confunde con la foto

¿Candidatos o dirigentes? Cuando la política se confunde con la foto


 Hoy pareciera que todos quieren ser candidatos. Basta con tener un celular, algunos seguidores en redes sociales y buena predisposición para la foto. Pero la pregunta que deberíamos hacernos como sociedad es otra, mucho más profunda e incómoda: ¿sabemos a quién estamos eligiendo?


¿O elegimos por simpatía, por cercanía superficial o por costumbre?


El pueblo no debería conformarse con gestos. Debería observar trayectorias. Preguntarse:


 ¿Trabajó alguna vez en una comisión barrial?


¿Se formó políticamente?


¿Conoce el Estado que pretende conducir?


¿Sabe trabajar en equipo o solo busca protagonismo?


Sin embargo, muchas veces el criterio se reduce a lo más fácil:


• “Es buenito”


. • “Saluda a todos”.


 • “Toma tereré con cualquiera”.


• “Tiene muchos seguidores en Facebook”.


 • “Critica fuerte”.


 Así, confundimos popularidad con capacidad, cercanía con conducción, y presencia mediática con compromiso real.


En la Argentina de hoy y especialmente en muchos municipios se ha naturalizado una práctica que degrada la política: la del dirigente de ocasión.


Ese intendente o concejal que aparece solo en épocas de lluvia, inundación o crisis, con botas y chaleco bien visibles… pero únicamente para la foto. Pasa la emergencia y desaparece. Y si te he visto, no me acuerdo. Luego, cuando el vecino necesita una respuesta concreta y va a la municipalidad, no hay nadie. Nunca están. Nadie atiende. La gestión diaria, silenciosa y constante, queda abandonada. Esto no es solo desorden: es falta de compromiso político. 


A esta lógica se suma un problema aún más grave: la ausencia de formación política. Hoy pareciera que cualquiera puede ser candidato. No importa si no sabe cómo funciona el Estado, si nunca gestionó recursos públicos, si no puede conducir un equipo. Alcanza con visibilidad, conflicto o relato. Pero casi nunca se valora lo esencial: • La formación.


• La experiencia.


• La organización.


 • El conocimiento del territorio.


• La identidad histórica de la comunidad.


La política no es solo buena intención.


Gobernar es saber.


Es prepararse.


Es asumir responsabilidades.


Confundir humildad con idoneidad es una trampa peligrosa: la humildad es un valor enorme, pero no reemplaza la capacidad ni la preparación.


Frente a este escenario aparece una manera distinta de hacer política: el modelo formoseño, con el Dr. Gildo Insfrán como expresión de una conducción que se construye en el tiempo y en el territorio. No es una política de ocasión ni de marketing. Es una política basada en principios claros: Estado presente, justicia social, federalismo real y continuidad de un proyecto colectivo.


Gildo Insfrán no necesita sobreactuar cercanía ni aparecer solo cuando hay cámaras. Su liderazgo se explica por un contacto permanente con el pueblo, por el conocimiento profundo del territorio y por una relación histórica construida día a día.


 Esa es la verdadera política con olor a pueblo: la que no se improvisa, la que no se abandona, la que no depende de una foto. El modelo formoseño demuestra que gobernar no es aparecer, sino estar.


 No es prometer, sino gestionar.


 No es agradar, sino conducir.


En un país donde muchas veces se confunde renovación con improvisación, este modelo reivindica la planificación, la organización y la identidad local. Por eso, el desafío de hoy no es sumar más candidatos, sino formar mejores dirigentes. Y también, como pueblo, aprender a exigir más.


 Porque cuando la política se vacía de contenido, cuando se elige sin mirar trayectorias ni proyectos, el costo no lo pagan los improvisados: lo paga siempre el pueblo.

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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