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Aprender a escucharnos sin perder la esperanza

En Formosa, el tiempo se vive distinto

02/01/2026 1,360 vistas
Aprender a escucharnos sin perder la esperanza

En Formosa, el tiempo se vive distinto. No solo porque el calor marca el ritmo de los días o porque el río Paraguay nos enseña, año tras año, que todo fluye y vuelve a acomodarse. También porque acá aprendimos que la vida no se apura sola: se acompaña, se cuida y se escucha. En cada fin de año aparecen las recetas rápidas, las fórmulas mágicas, los manuales de cómo vivir mejor en doce pasos. Indicadores, predicciones, números que prometen ordenar el futuro. Pero los formoseños sabemos que no todo lo importante entra en una planilla. Hay valores que no se miden, pero sostienen. Hay decisiones que no hacen ruido, pero construyen. Planificar no es lo mismo que creer. Y en Formosa aprendimos que creer es una forma de hacer política. Creer en la comunidad, en el Estado presente, en un proyecto que pone a la persona en el centro. Creer que nadie se salva solo y que el desarrollo verdadero es el que incluye, el que llega a cada rincón de la provincia, respetando su identidad. Vivimos rodeados de estímulos que nos exigen producir más, correr más, mostrar más. Sin embargo, el Modelo Formoseño nos enseñó otra lógica: la del cuidado. Cuidar la salud, cuidar la educación, cuidar el trabajo, cuidar al otro. Incluso cuando el contexto nacional es incierto, acá se sostiene la esperanza como política pública y como decisión colectiva. No todos somos iguales, y eso también es parte de nuestra fortaleza. Hay quienes necesitan el encuentro, la fiesta, el abrazo comunitario. Y hay quienes necesitan silencio, tiempo, reflexión. En nuestra provincia hay diversidad cultural, territorial y humana. Desde las comunidades originarias hasta las ciudades en crecimiento, cada realidad es escuchada y tenida en cuenta. No hay un solo modo de vivir ni de atravesar el tiempo. Desde chicos aprendemos que hay etapas, que hay procesos, que todo tiene su momento. En Formosa eso se respeta. La educación acompaña, la salud cuida, el Estado está. Porque gobernar no es imponer un ritmo, sino caminar al lado del pueblo, escuchando lo que necesita en cada etapa de la vida. Las vacaciones, el descanso, el tiempo compartido, también son derechos. No son un premio ni un privilegio. Son parte de una mirada integral de la persona. Descansar no es dejar de aportar: es recargar fuerzas para seguir construyendo juntos. Y eso, en Formosa, se entiende. Basta mirar lo cotidiano para comprenderlo. En la espera paciente, en la solidaridad espontánea, en la confianza que se renueva. Como los animales que esperan sin cálculos ni pronósticos, con una fe simple y profunda. Así también el pueblo formoseño sostiene la esperanza: sin estridencias, pero con convicción. Tal vez no necesitamos empezar el año “mejores”, sino más fieles a lo que somos. A nuestra identidad formoseña, a nuestra historia de lucha y dignidad, a un modelo que prioriza a la gente por sobre los números. Escucharnos, respetarnos, cuidarnos. Porque la esperanza no es ingenuidad. Es una decisión política. Es el motor que nos permitió crecer, resistir y avanzar aun en los momentos más difíciles. Y es lo que nos va a seguir guiando. Que el año que comienza nos encuentre confiando. No adivinando, sino construyendo. No obedeciendo fórmulas ajenas, sino fortaleciendo nuestro camino propio. Con la puerta abierta, con el corazón atento y con ese valor tan humano, tan formoseño, de seguir adelante sin dejar la esperanza atrás.

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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