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CUANDO LLEGÁS… Y NO ERA AHÍ

Reflexión

13/05/2026 1,731 vistas
CUANDO LLEGÁS… Y NO ERA AHÍ

Cada vez más personas experimentan una sensación difícil de explicar: alcanzar metas importantes y descubrir que la satisfacción dura mucho menos de lo esperado.


 Durante años imaginaron que cierto trabajo, cierta estabilidad económica, una relación o determinado nivel de éxito finalmente les daría plenitud. La idea era simple: “Cuando llegue ahí, voy a estar bien”.


Pero muchas veces no ocurre.


 Y esa decepción suele ser silenciosa. Porque fracasar duele, pero hay algo todavía más desconcertante: conseguir aquello que tanto deseabas… y seguir sintiendo vacío.


 La decepción de llegar


El libro de Eclesiastés describe exactamente esa experiencia. Su autor habla de alguien que tuvo riqueza, proyectos, placer, poder y logros. Probó todo lo que parecía capaz de darle satisfacción duradera. Sin embargo, terminó reconociendo una profunda sensación de vacío.


Aunque hayan pasado siglos, la experiencia sigue siendo actual.


Vivimos en una cultura obsesionada con el rendimiento. Todo impulsa a producir más, crecer más y mostrarse exitoso. Las redes sociales refuerzan constantemente la idea de que la felicidad está en el próximo objetivo.


Pero nadie prepara para el momento en que finalmente llegás.


Porque después del ascenso, de la compra soñada o del reconocimiento esperado, la vida continúa. Y muchas personas descubren que siguen teniendo las mismas inseguridades y las mismas preguntas internas que tenían antes.


 El límite del éxito


 El éxito puede traer comodidad, oportunidades y estabilidad. Pero hay preguntas que ningún logro responde del todo: quién soy, para qué vivo o por qué, aun teniendo mucho, sigo sintiendo que algo falta.


 Por eso muchas personas experimentan una crisis silenciosa. Desde afuera parecen haber llegado. Desde adentro sienten que algo no encaja.


Y quizás el problema no sea el éxito en sí, sino esperar demasiado de él.


Ningún trabajo, relación, reconocimiento o cantidad de dinero puede sostener el peso de darle significado completo a una vida. Cuando una meta ocupa el lugar del propósito, tarde o temprano termina decepcionando.


 La necesidad de algo más profundo


Tal vez por eso, incluso en sociedades cada vez más materialistas, las preguntas espirituales siguen apareciendo.


Porque después del ruido y de la búsqueda constante de más, muchas personas descubren que el ser humano necesita algo que vaya más allá de lo material.


La fe cristiana sostiene justamente eso: que la persona no fue creada solamente para producir, consumir o alcanzar metas, sino también para vivir en conexión con Dios. Y que existe un vacío interior que ninguna conquista externa puede llenar completamente.


Eso no significa abandonar sueños ni dejar de crecer. Significa entender que el sentido profundo de la vida no puede depender únicamente de cosas temporales.


 Después de llegar


 Quizás una de las verdades más incómodas —y al mismo tiempo más liberadoras— sea esta: la vida no se trata solamente de llegar.


 Se trata de encontrar algo que siga teniendo sentido incluso después de haber llegado.


Y para muchas personas, ahí comienza la búsqueda más importante de todas: volver la mirada hacia Dios.


Pastor Oscar Daniel Chamorro (IGLESIA DE DIOS- 9 de Julio y Fortín Yunká, El Espinillo) Contacto: 3624-996638. Síguenos: WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VaIG4wm6buMFuo0G612w YouTube: https://www.youtube.com/@IglesiadeDiosElEspinilloFormos Facebook: https://www.facebook.com/share/15MSw98Jm4E/

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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