Hiciste algo… y nadie lo vio. Nadie te frenó, nadie te expuso. Sin embargo, algo dentro tuyo habló.
No necesitás religión para eso. Nadie tuvo que enseñártelo. Simplemente… lo sabés.
Entonces surge la pregunta incómoda: ¿de dónde viene esa voz?
No es casualidad. No es solo cultura o evolución. Es diseño.
Porque no fue creada para reemplazar a Dios, sino para apuntar hacia Él.
Es como una brújula: no es el destino, pero indica que hay un norte.
Y cuanto más la callás, más te alejás no solo de vos mismo… sino de Aquel que la puso ahí.