El modelo formoseño sostiene que el desarrollo no puede depender del humor del mercado ni de decisiones tomadas a 1.200 kilómetros de distancia en Buenos Aires. Sostiene que el federalismo no se declama: se ejerce. Y ejercerlo implica defender recursos, planificar a largo plazo y priorizar a los que menos tienen. Hay quienes critican la continuidad política. Pero la continuidad también significa estabilidad, planificación sostenida y coherencia en las políticas públicas. En un país acostumbrado a los volantazos, sostener un rumbo es, en sí mismo, un acto de responsabilidad.
Formosa no se arrodilla: Estado presente, pueblo primero y desarrollo con justicia social
22/02/2026
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