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Formosa no se arrodilla: Estado presente, pueblo primero y desarrollo con justicia social

22/02/2026 765 vistas
Formosa no se arrodilla: Estado presente, pueblo primero y desarrollo con justicia social

Defender el modelo formoseño no es una consigna vacía ni un acto de obediencia partidaria: es una toma de posición clara en favor de un proyecto político que decidió no arrodillarse ante el centralismo ni ante las recetas que históricamente dejaron al norte argentino relegado.


 En Formosa, el Estado no es un espectador. Es constructor de escuelas, hospitales, rutas, viviendas y oportunidades. Es garante de inclusión en un territorio que durante décadas fue olvidado por los grandes centros de poder. Y eso no es relato: es una definición política profunda. Donde algunos ven “intervención”, otros vemos justicia social. Donde algunos hablan de “gasto”, nosotros hablamos de inversión en dignidad.


 El modelo formoseño sostiene que el desarrollo no puede depender del humor del mercado ni de decisiones tomadas a 1.200 kilómetros de distancia en Buenos Aires. Sostiene que el federalismo no se declama: se ejerce. Y ejercerlo implica defender recursos, planificar a largo plazo y priorizar a los que menos tienen. Hay quienes critican la continuidad política. Pero la continuidad también significa estabilidad, planificación sostenida y coherencia en las políticas públicas. En un país acostumbrado a los volantazos, sostener un rumbo es, en sí mismo, un acto de responsabilidad.


El modelo formoseño pone en el centro a la comunidad organizada, al trabajo articulado entre Estado y pueblo, y a la convicción de que nadie se salva solo. No es una postura cómoda: es una decisión política que asume que gobernar es incluir, proteger y construir futuro.


 Pero defender este modelo también implica compromiso y coherencia en cada localidad. Implica convocar a los compañeros y compañeras a llevar adelante estas políticas con responsabilidad y sensibilidad social. A los intendentes y funcionarios les corresponde honrar la confianza del pueblo: no olvidarse de la gente, escuchar sus necesidades reales, caminar los barrios, los pueblos, estar donde está la necesidad y administrar con transparencia cada recurso que llega a sus manos.


 En ese camino, las enseñanzas de nuestro gobernador Gildo Insfrán marcan una guía clara de conducción y ejemplo. Su humildad, su compañerismo y su solidaridad no son discursos, son prácticas. Estar siempre en el territorio, caminar los barrios y los pueblos, escuchar cara a cara y defender sin especulaciones el interés del pueblo: esa es la esencia de su liderazgo.


Cuando se habla de unidad, no es una palabra vacía; es una estrategia colectiva para que ningún formoseño quede atrás. Cuando se plantea que “quiero que mis pastores tengan olor a pueblo”, se está señalando que el dirigente debe estar cerca, comprometido con la realidad concreta. Que los funcionarios lleguen primeros a las reuniones y sean ejemplo de responsabilidad y trabajo es una señal de respeto hacia la función pública y hacia la gente.


 También debemos decirlo con claridad: no es coherente defender el modelo formoseño y, al mismo tiempo, fanfarronear en redes sociales con vacaciones ostentosas en el exterior mientras tantos comprovincianos atraviesan dificultades. Nadie discute el derecho de cada uno a disfrutar del fruto de su trabajo. Pero la política exige sensibilidad. En momentos donde muchos formoseños la están pasando mal por el impacto de las políticas económicas del presidente Javier Milei, la austeridad, la empatía y el compromiso deben ser señales visibles.


Además, promover y valorar los hermosos lugares de nuestra provincia también es defender el modelo. Es apostar al turismo local, a la identidad, al orgullo de lo propio. No se puede hablar de amor por Formosa y no mostrar sus riquezas naturales, culturales y productivas.


 Los fondos públicos no son privilegios ni trofeos: son herramientas para mejorar la vida de la comunidad. Cada peso debe transformarse en obras, servicios y respuestas concretas. Porque el verdadero sentido del modelo formoseño se sostiene en la cercanía con el vecino, en la presencia territorial y en la ética de la gestión.


 Defender este modelo es defender el derecho del interior profundo a crecer con identidad propia, sin pedir permiso y sin aceptar que el progreso sea privilegio de unos pocos. Pero también es asumir que el ejemplo empieza en casa: con dirigentes humildes, unidos, presentes y conscientes de que gobernar no es exhibirse, sino servir.

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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