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La ingratitud, la gestión y el verdadero rol de un intendente

05/04/2026 345 vistas
La ingratitud, la gestión y el verdadero rol de un intendente

La ingratitud suele ser señalada como una forma de traición, pero en la gestión pública muchas veces es el síntoma de algo más profundo: el desmanejo, la falta de planificación y la ausencia de equipos sólidos.


Cuando un gobierno municipal fracasa, rara vez se trata solo de percepción. La falta de organización, de objetivos claros y de un equipo capacitado termina impactando directamente en la vida cotidiana de los vecinos.


No alcanza con buenas intenciones ni con presencia discursiva: la gestión requiere planificación, cercanía real y capacidad de respuesta.


En los tiempos actuales, las redes sociales se han convertido en una herramienta importante de comunicación. Sin embargo, cuando un intendente vive más pendiente de ellas que del contacto directo con su comunidad, se produce un quiebre.


 Gobernar no es solo responder comentarios o publicar acciones; es caminar el territorio, escuchar en persona y resolver problemas concretos.


También es un error interpretar la crítica como ingratitud. El vecino no está para agradecer permanentemente, sino para exigir que se cumpla con la función pública.


La responsabilidad de un intendente no es buscar reconocimiento, sino garantizar servicios, ordenar el municipio y mejorar la calidad de vida de su gente.


 La función de un jefe comunal es, ante todo, estar presente donde realmente importa: en la calle, con su pueblo, gestionando soluciones.


Porque cuando la política se desconecta de la realidad, el resultado no es ingratitud… es desilusión.

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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