La primera vez parece mala suerte.
La tercera empieza a parecer una advertencia.
Porque llega un momento en que ya no alcanza con señalar a quienes nos hicieron daño. Algo dentro nuestro comienza a preguntar si existe una razón por la que ciertas personas nos resultan tan irresistibles... y tan destructivas.
Como quien conoce el final de la historia y decide entrar otra vez en la misma puerta.
Tal vez porque nadie elige solamente con la razón.
La Biblia hace una advertencia que parece sencilla, pero explica mucho de nuestras historias:
"Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón.
" Porque el corazón no solamente siente.
También puede acostumbrarse a lo que lo destruye.
De lo contrario, las heridas siguen eligiendo por nosotros.
Y las heridas rara vez saben reconocer el amor.
Saben reconocer aquello que les resulta familiar.
Aunque vuelva a terminar igual.
Sanar no significa endurecerse.
Significa dejar de llamar amor a aquello que nos vacía el alma.
Y quizá la pregunta más importante no sea:
"¿Por qué siempre me lastiman?
¿Qué parte de mí sigue buscando refugio en aquello que me hiere?