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Una política sin iniciativa termina siendo una política sin futuro.

01/02/2026 648 vistas
Una política sin iniciativa termina siendo una política sin futuro.

Una política sin iniciativa termina siendo una política sin futuro.


Y en los pueblos, esa verdad se ve todos los días. Porque los municipios sí tienen recursos.


Tal vez no sobran, pero cuando están bien administrados alcanzan para transformar realidades: para organizar cursos de capacitación en oficios, para que nuestros jóvenes aprendan a trabajar, para darle herramientas a quien quiere progresar con su propio esfuerzo.


Alcanzan para apoyar a los ladrilleros, para acompañar a los carboneros, para facilitar espacios de producción y comercialización, para que la gente viva de su trabajo y no de la espera.


La política no es sacarse fotos.


La política es cambiar la realidad de las familias.


 El problema no es la falta de plata.


El problema es la falta de planificación y de compromiso.


Cuando no hay ideas para gobernar, los recursos se desperdician.


Se gasta sin rumbo, sin prioridades, sin pensar en el futuro.


Se hacen cosas solo para la foto, para el Facebook o para el video corto, y después, en el pueblo, no cambia nada.


Eso no es gestión. Eso es perder el tiempo y la oportunidad que el pueblo le dio a sus gobernantes.


Un municipio no está para simular que trabaja. Está para transformar la realidad. Y eso se logra con planificación, con presencia en el territorio, conociendo al productor, al joven, al trabajador, al comerciante, al deportista.


Por eso es fundamental que los municipios lleven adelante el Modelo Formoseño. Un modelo que no improvisa, que planifica, que pone al trabajo y a la producción en el centro, y que entiende que el desarrollo llega cuando el Estado está presente y comprometido con su gente.


El modelo existe y da resultados. Lo que muchas veces falta es la decisión política de aplicarlo en cada pueblo.


Como dice Gildo Insfrán, los políticos deben tener olor a pueblo.


 Deben caminar las calles, conocer los problemas, escuchar a la gente y gobernar para cambiar la realidad de la comunidad, no la realidad personal del político.


Hoy, en muchos pueblos, vemos lo contrario: personas que entran en política solo para acomodarse, que delegan el poder en otros que la gente no eligió, que gobiernan desde una oficina y no desde el territorio.


Gobernar no es reaccionar.


Es anticiparse.


 No es improvisar.


Es planificar.


No es mostrar.


Es hacer.


Los pueblos no crecen con publicaciones, crecen con decisiones.


No avanzan con slogans, avanzan con proyectos.


El verdadero fracaso político no es perder una elección.


 El verdadero fracaso es ganar y no saber qué hacer con el poder.


Por eso, hablar de futuro en los pueblos es hablar de iniciativa, planificación, recursos bien administrados y dirigentes comprometidos con su gente.


Porque sin eso, se puede sostener un cargo por un tiempo, pero nunca se construye desarrollo, dignidad ni esperanza.

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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