En algún momento todos nos hacemos esta pregunta: ¿para qué estoy acá? No es una pregunta religiosa.
Es humana. Porque podés llenar la agenda… pero no necesariamente llenar la vida.
Podés estar ocupado todo el día… y aun así sentir que no estás yendo a ningún lado.
No genéricos, no masivos, sino personales… pensamientos de bien, de futuro, de esperanza.
Te deja con la sensación de que, aunque llegues, no era ahí. El propósito no es solo lo que hacés.
Porque ya no vivís reaccionando a lo que pasa. Vivís respondiendo a un llamado.
La gran tragedia no es morir. Es vivir sin saber para qué vivís.
Y por primera vez, no solo avanzás… sabés hacia dónde vas.