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CUANDO EL DOLOR NO TIENE EXPLICACIÓN

Reflexión

04/03/2026 1,616 vistas
CUANDO EL DOLOR NO TIENE EXPLICACIÓN

El sufrimiento forma parte de la experiencia humana. La pregunta no es si llegará, sino qué hacemos con él cuando llega y parece no tener sentido.


Hay una pregunta que todos nos hacemos en algún momento, aunque no la pronunciemos en voz alta: ¿tiene sentido el sufrimiento? Cuando el dolor irrumpe, no alcanza con decir “yo creo”.


No alcanzan las frases bonitas ni las publicaciones motivacionales. El dolor no es un concepto abstracto: es una sala de hospital, una silla vacía en la mesa, un llamado que cambia la vida en segundos, un “no” inesperado.


 En ese instante, la pregunta deja de ser filosófica y se vuelve visceral: ¿dónde está Dios en todo esto? La Biblia no ignora esa tensión. El libro de Job comienza con la historia de un hombre que lo pierde todo en cuestión de días.


 No por irresponsabilidad, no por maldad, no por falta de fe. Pierde bienes, hijos y salud. Pero lo más impactante no es la pérdida, sino el silencio. A veces, el dolor más profundo no es lo que ocurrió, sino no entender por qué ocurrió. Job se atreve a expresar lo que muchos callan cuando el sufrimiento golpea: protesta, duda, reclama. Y no es destruido por hacerlo.


El mensaje es claro: la fe no exige negar lo que sentimos. En el Evangelio de Juan (11:35) aparece una escena que desmonta cualquier idea de un Dios distante. Ante la muerte de Lázaro, el texto registra una de las frases más breves y contundentes de la Biblia: “Jesús lloró”.


El Dios hecho hombre, llorando. No ofreciendo una explicación teológica en ese momento, no desarrollando un discurso sobre el propósito eterno, sino compartiendo el dolor.


El relato deja claro que el sufrimiento importa. Sin embargo, eso no despeja todas las preguntas. La tradición bíblica evita los consuelos rápidos y las fórmulas simplistas. En su carta a la comunidad cristiana de Roma, el apóstol Pablo escribe: “Los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que habrá de manifestarse” (Romanos 8:18).


Con esa afirmación introduce una perspectiva profunda: el dolor actual no agota el sentido de la historia. No lo niega ni lo minimiza, pero sostiene que no tiene la última palabra.


 El sufrimiento no siempre tiene una explicación inmediata, pero tampoco es prueba de abandono. Aquí aparece un punto central: si Dios eliminara automáticamente todo dolor, debería eliminar también la libertad humana.


Y sin libertad no existe amor auténtico. Vivimos en un mundo donde el mal existe, donde las decisiones tienen consecuencias y donde la fragilidad forma parte de la condición humana.


La fe no promete una vida sin lágrimas; promete que las lágrimas no serán eternas. El dolor puede endurecer o profundizar; puede aislar o abrir a algo más grande. Tal vez la pregunta no sea solo “¿por qué sufro?”, sino también “¿qué puede hacer Dios incluso con este sufrimiento?”. Si una cruz —instrumento de tortura convertido en símbolo de esperanza— pudo resignificarse, entonces el sufrimiento no tiene por qué ser el punto final de la historia.


 No siempre entendemos el dolor. Pero no estamos solos en él. Y, a veces, el mayor consuelo no es tener todas las respuestas, sino descubrir que, en medio del sufrimiento, hay un Dios que no observa desde lejos: se acerca. Y también llora.


 Pastor Oscar Daniel Chamorro (IGLESIA DE DIOS- 9 de Julio y Fortín Yunká, El Espinillo) Contacto: 3624-996638. Síguenos: WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VaIG4wm6buMFuo0G612w YouTube: https://www.youtube.com/@IglesiadeDiosElEspinilloFormos Facebook: https://www.facebook.com/share/15MSw98Jm4E/

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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