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LA CULPA NO SE CANCELA

Reflexión

18/02/2026 1,461 vistas
LA CULPA NO SE CANCELA

Hay algo que nadie sube a las redes.


La culpa.


 Subimos viajes. Subimos sonrisas. Subimos logros. Pero no subimos ese mensaje que no debimos mandar. Esa conversación que rompió algo. Ese grito que todavía resuena en la memoria de un hijo.


Esa firma que sabíamos que no era del todo limpia. Ese “no va a pasar nada” que sí pasó. Podés borrar un post. No podés borrar la conciencia. Podemos sentirnos modernos. Podemos decir que la culpa es un invento religioso, una herramienta de control moral, una construcción cultural anticuada.


Pero cuando la casa queda en silencio… cuando el celular ya no vibra… cuando nadie nos distrae… sabemos. Sabemos que cruzamos una línea. Sabemos que fallamos. Sabemos que herimos.


 La cultura actual tiene un consejo rápido: “No te sientas culpable.” “Fue un error.” “Todos lo hacen.” “Soltá.” Pero eso no elimina el peso. Solo lo anestesia. Y la anestesia emocional no cura. Solo posterga.


La culpa ignorada no desaparece. Se transforma. En insomnio. En irritabilidad. En cinismo. En esa necesidad constante de justificarnos. Hace miles de años se escribió algo brutalmente honesto, en el Salmo 32:


“Mientras callé, mi cuerpo se consumía por dentro.” Nada ha cambiado demasiado. Hoy mucha gente funciona por fuera y se rompe por dentro. Productivos. Activos. Exitosos. Pero con una conversación pendiente con su propia conciencia.


Y acá viene algo incómodo: No es que no creamos en el bien y el mal. Es que no sabemos qué hacer cuando nosotros somos los que estuvimos mal. Porque todos pedimos justicia… hasta que la justicia nos alcanza.


 Hace ya años, en un patio polvoriento de Jerusalén, una mujer fue arrastrada por su peor error. No la expusieron en un mal día. La expusieron en su peor decisión. La rodearon con piedras en la mano. La sociedad puede ser muy tolerante… hasta que le conviene señalar. Entonces aparece Jesús. No niega lo ocurrido. No dice “no importa”. No relativiza lo que pasó. Pero tampoco aplasta. En vez de reducirla a su error, hace algo inesperado: separa el acto de la identidad. No le dice: “No hiciste nada”. Le dice: “No te condeno”. Es distinto. La culpa grita: “Sos lo que hiciste”. El perdón responde: “Lo que hiciste no es todo lo que sos”. Y eso cambia todo. Porque el verdadero problema no es haber fallado. Es creer que quedamos definidos para siempre por esa falla.


Podés construir éxito encima de la culpa. Podés hacer dinero. Podés acumular seguidores. Podés reinventarte mil veces. Pero la paz interior no se fabrica. Y el silencio de la conciencia no se compra.


Se enfrenta. Negar la culpa no te hace libre. Justificarla tampoco. Minimizarla menos. La única salida real empieza cuando dejamos de correr y nos animamos a mirarla de frente.


La culpa no se cancela. Se enfrenta. Y cuando se enfrenta de verdad, puede convertirse —paradójicamente— en la puerta hacia algo que creíamos imposible: empezar de nuevo. Porque nadie es solamente lo peor que hizo. Pero nadie será libre mientras siga huyendo de eso.


Pastor Oscar Daniel Chamorro (IGLESIA DE DIOS- 9 de Julio y Fortín Yunká, El Espinillo) Contacto: 3624-996638. Síguenos: WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VaIG4wm6buMFuo0G612w YouTube: https://www.youtube.com/@IglesiadeDiosElEspinilloFormos Facebook: https://www.facebook.com/share/15MSw98Jm4E/

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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