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La Vida y obra del Pastor Ramón Andrés Frías “Moncho”

El Espinillo: historia de vida

01/01/2026 577 vistas
La Vida y obra del Pastor Ramón Andrés Frías “Moncho”

 El 21 de abril de 1954, en El Espinillo, nació Ramón Andrés Frías, conocido cariñosamente como Moncho. Fue el sexto de doce hermanos, hijo de Guillermo Frías, argentino, y de Ana Gabrish, una mujer fuerte venida desde tierras yugoslavas. La infancia de Moncho estuvo marcada por el trabajo en familia. En la chacra cultivaban la tierra para producir alimentos que aseguraban el sustento diario. El maíz, la mandioca y otros frutos de la tierra llenaban la mesa. Criaban gallinas, chanchos y vacas para la leche, de manera que nada faltaba en el hogar. Sin darse cuenta, en medio de aquella vida sencilla y laboriosa, la familia era bendecida en todo lo que hacía. El trabajo duro se convertía en abundancia, y el compartir lo poco o mucho que tenían fortalecía la unión entre hermanos. Fue en ese ambiente, entre la escuela rural la Escuela Nº 266 de San Blas, bajo la enseñanza de Doña Nena de Consentino, una maestra que marcó su formación. y las tareas de la chacra, que se fue forjando el carácter de Moncho: un hombre sencillo, trabajador y agradecido, preparado sin saberlo para el llamado que un día recibiría. En 1975, cuando llegó la edad de cumplir con la colimba, fue enviado a Mercedes, Corrientes, donde sirvió 14 meses y 8 días, en tiempos difíciles de gobierno militar. Allí, lejos de su familia, aprendió la disciplina, la resistencia y la importancia de la libertad. Tras regresar, Moncho se dedicó a múltiples oficios: albañil, agricultor, ladrillero y alambrador. Con esas manos curtidas de tierra y ladrillo, se fue preparando para sostener la familia que más tarde formaría. En 1979 conoció a Ana de Jesús Bareiro. El amor los unió y el 10 de marzo de ese mismo año se casaron. Juntos formarían una familia abundante y bendecida con ocho hijos: cuatro mujeres y cuatro varones. “La mujer virtuosa es corona de su marido.” Proverbios 12:4 Con la fuerza de la juventud, buscaron futuro en Paraguay y en Formosa, donde Moncho trabajaba en la albañilería y alquilaban modestos hogares para criar a sus hijos. En el año 1981, en el barrio Eva Perón de Formosa, un acontecimiento transformó su vida. Aunque su familia era católica practicante, un día escuchó el testimonio de su capataz, quien le contó cómo había sido sanado tras recibir oración de cristianos evangélicos. Poco después, Moncho enfermó y recibió la visita del Pastor Altamirano, quien le dijo con fe: “Dios te va a sanar si vienes a la iglesia”. Moncho aceptó. Los hermanos oraron por él, sudó intensamente aquella noche… y fue sanado. Ese día comprendió que la mano de Dios estaba sobre su vida. Junto a su esposa Ana, entregaron sus corazones a Cristo en septiembre de 1981. Desde entonces, nunca dejaron de leer la Biblia ni de buscar la presencia de Dios. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2 Corintios 5:17 Al inicio congregaron en la Iglesia Cuadrangular, luego en la iglesia del barrio Villa del Rosario, donde junto a otros hermanos oraban fervientemente por un terreno para levantar un templo. Comenzaron teniendo cultos en su propia casa, hasta que lograron comprar un terreno y construir la iglesia “Gracias y Gloria Pentecostal”. Tras ocho años de crecimiento espiritual, en 1989 se trasladaron a Vista Alegre (El Espinillo). Allí Moncho comenzó a predicar en el barrio Santa Librada, en la casa de su hermana. Con una guitarra y una Biblia, caminaba domingo tras domingo, llevando la Palabra con perseverancia y sin desmayar. “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” Marcos 16:15 Los primeros años no fueron fáciles. Muchas veces predicó solo, con un puñado de personas reunidas en humildes casas. Sin embargo, nunca perdió la fe: sabía que la semilla sembrada en lágrimas algún día daría fruto en abundancia. “El que con lágrimas siembra, con regocijo segará.” Salmos 126:5 Con el tiempo, los vecinos comenzaron a sumarse. Familia por familia, amigo tras amigo, la iglesia fue creciendo hasta que en 1992 se inauguró oficialmente la obra en Santa Librada, bajo el nombre Misiones Evangélica ID. En 1994, Moncho y su familia se establecieron definitivamente en El Espinillo. Trabajaba duro en la ladrillería y la chacra, pero nunca dejó de lado el llamado. Los años trajeron bendición: la congregación creció hasta superar los 150 miembros. La necesidad de un templo mayor llevó a la construcción de una iglesia imponente, de 27 metros de largo por 19 de ancho, levantada con el esfuerzo de todos y la gracia de Dios. “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican.” Salmos 127:1 La iglesia sigue en pie como testimonio de fe, esfuerzo y unidad, iluminando a generaciones con la Palabra de Dios. Hoy, al mirar atrás, la vida del Pastor Ramón Andrés Frías “Moncho” es un testimonio de perseverancia, fe y obediencia al llamado de Dios. Desde la humilde chacra de su infancia, donde ya sin saberlo era bendecido, hasta la construcción de un templo que congrega a más de 150 hermanos, su historia demuestra que la mano del Señor guía a quienes le sirven con corazón sincero. Su vida nos enseña que cada esfuerzo, cada sacrificio y cada oración, aunque parezcan pequeños, son semillas que Dios transforma en fruto abundante. “Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos.” Salmos 138:8 Moncho ha sido un pastor solitario al principio, pero con la gracia de Dios logró sumar hermanos, formar discípulos y levantar un templo sólido, donde la Palabra es proclamada y vidas son transformadas. Su historia nos recuerda que Dios honra la fidelidad y bendice la obediencia, y que todo esfuerzo hecho por amor a Él no queda en vano. Que su vida y obra sigan siendo inspiración para sus hijos, su familia y la congregación, y que cada ladrillo del templo sea un testimonio de que cuando Dios llama y nosotros respondemos, la obra crece y permanece. Mensaje del Pastor Ramón Andrés Frías “Moncho” y su esposa Ana “Queridos jóvenes y hermanos de nuestra comunidad: Nuestra vida ha sido un camino de trabajo, esfuerzo y fe. Desde la chacra en la infancia, donde sembrábamos para alimentarnos, hasta levantar con las manos y la ayuda de Dios un templo para su gloria, hemos aprendido que nada es imposible cuando se confía en el Señor. A ustedes, los jóvenes, les decimos: no se aparten de Dios. El mundo ofrece muchos caminos, pero sólo Cristo da la paz y la vida eterna. Lean la Palabra cada día, oren con fe y sirvan con alegría. No se avergüencen del Evangelio, porque es poder de Dios para salvación. A la comunidad les recordamos que la unión, la fe y el amor son la verdadera riqueza. Nosotros no teníamos mucho en lo material, pero Dios siempre proveyó y bendijo cada paso. Él sigue siendo fiel. “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos.” (Eclesiastés 12:1) Confiamos en que la semilla sembrada en esta tierra seguirá dando fruto en cada vida y en cada familia que abre su corazón al Señor. Manténganse firmes, porque el trabajo en el Señor nunca es en vano.” Pastor Ramón Andrés Frías y su esposa Ana de Jesús Bareiro

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Escrita por

SILVIO REYNALDO DELVALLE

Periodista

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