Porque hay gente que no odia su trabajo… pero tampoco lo ama.
Cumple. Marca horario. Hace lo necesario. Pero por dentro… está desconectada.
No como castigo, sino como propósito. Trabajar no era parte del problema. Era parte del diseño.
Y ahí empieza la distorsión: trabajás solo por dinero, solo por obligación, solo por necesidad.