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La nueva política: redes sociales sin territorio
Política

08/02/2026

La nueva política: redes sociales sin territorio

La nueva política: redes sociales sin territorio En contraste, se observa una nueva forma de hacer política basada casi exclusivamente en la imagen, en el marketing, en el mensaje rápido y en la repercusión digital. Muchos dirigentes hoy construyen poder desde una pantalla, con discursos pensados para viralizarse, pero sin el respaldo del trabajo territorial.  Las redes sociales son herramientas útiles, pero cuando reemplazan al contacto humano, generan una política superficial, desconectada de la realidad. Se gobierna desde la apariencia y no desde la experiencia concreta del vecino.  El problema de los cargos sin compromiso  Uno de los puntos más sensibles es lo que ocurre en muchos pueblos del interior: dirigentes que asumen cargos importantes, pero luego se alejan de la comunidad. Aparece el olvido, la ausencia, la falta de presencia y de respuestas.  Pero el problema es aún más profundo: en muchos casos, se llega al poder sin militancia, sin formación política real, sin liderazgo construido en el territorio y sin conocer verdaderamente la realidad del pueblo y de su gente.  Ahí comienza el fracaso. Porque no se puede gobernar lo que no se conoce, ni representar a quienes nunca se escuchó. La política no puede ser un salto oportunista ni un cargo para figurar: debe ser compromiso, preparación y responsabilidad social. Cuando no hay recorrida, no hay escucha. Y cuando no hay escucha, no hay políticas que mejoren la calidad de vida.  El vecino deja de ser protagonista y pasa a ser solo un número en una elección.  La falta de políticas reales y el alejamiento del pueblo  La consecuencia directa de esta política sin militancia es el deterioro del vínculo social. Los problemas cotidianos empleo, servicios, salud, vivienda, educación no se resuelven con publicaciones, sino con decisiones concretas y con un Estado presente.  El pueblo no necesita dirigentes que aparezcan solo en campaña o en redes: necesita funcionarios que estén, que gestionen, que caminen el territorio y que trabajen con responsabilidad.  Una autocrítica necesaria: también el pueblo debe mirar más allá  Y en este punto también es necesario decir algo con sinceridad: el pueblo no puede quedar afuera de esta reflexión. Muchas veces, los ciudadanos terminan votando candidatos no por su capacidad, su trayectoria o su compromiso con la comunidad, sino por cuestiones superficiales: porque tienen muchos “me gusta” en redes sociales, porque son mediáticos, porque son “facheros” o porque saben vender una imagen.  Pero gobernar no es una cuestión de apariencia.  Gobernar requiere preparación, conocimiento, sensibilidad social y amor verdadero por la comunidad. Cuando no se analiza al candidato en profundidad, cuando se vota solo por marketing, después llega la decepción: el fracaso no lo paga el dirigente, lo paga el pueblo. Y ahí está el riesgo de esta nueva política sin militancia: se eligen figuras vacías, sin raíces, sin proyecto y sin compromiso real con la gente. El llamado del gobernador: trabajar por Formosa con amor  En este marco cobra especial sentido el llamado que ha realizado el doctor Gildo Insfrán a todos los formoseños y formoseñas de bien: trabajar por Formosa con un solo requisito, amar a Formosa.  Ese mensaje resume una idea central del Modelo Formoseño: la provincia se construye con compromiso colectivo, con unidad y con una mirada puesta en el futuro, no con ataques ni con desprecio hacia nuestra propia tierra. En los últimos tiempos se observa con preocupación que algunos dirigentes eligen pasar más tiempo criticando, atacando o incluso despreciando a Formosa, negando el trabajo y la transformación lograda durante décadas. Sin embargo, el crecimiento de la provincia no es casualidad: es el resultado de una planificación sostenida, de políticas públicas concretas y, sobre todo, de un fuerte apoyo popular que acompañó este proceso histórico.  Volver a una política con compromiso y orgullo formoseño Hoy más que nunca, la política debe recuperar su esencia: estar cerca del pueblo, escuchar, caminar el territorio y trabajar por mejorar la calidad de vida de cada vecino.  Porque gobernar no es solo hablar en redes. Gobernar es estar presente. Y defender a Formosa no es una consigna vacía: es valorar lo construido, cuidar lo logrado y seguir avanzando con amor, unidad y responsabilidad.

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Una política sin iniciativa termina siendo una política sin futuro.
Política

01/02/2026

Una política sin iniciativa termina siendo una política sin futuro.

Una política sin iniciativa termina siendo una política sin futuro. Y en los pueblos, esa verdad se ve todos los días. Porque los municipios sí tienen recursos. Tal vez no sobran, pero cuando están bien administrados alcanzan para transformar realidades: para organizar cursos de capacitación en oficios, para que nuestros jóvenes aprendan a trabajar, para darle herramientas a quien quiere progresar con su propio esfuerzo. Alcanzan para apoyar a los ladrilleros, para acompañar a los carboneros, para facilitar espacios de producción y comercialización, para que la gente viva de su trabajo y no de la espera. La política no es sacarse fotos. La política es cambiar la realidad de las familias.  El problema no es la falta de plata. El problema es la falta de planificación y de compromiso. Cuando no hay ideas para gobernar, los recursos se desperdician. Se gasta sin rumbo, sin prioridades, sin pensar en el futuro. Se hacen cosas solo para la foto, para el Facebook o para el video corto, y después, en el pueblo, no cambia nada. Eso no es gestión. Eso es perder el tiempo y la oportunidad que el pueblo le dio a sus gobernantes. Un municipio no está para simular que trabaja. Está para transformar la realidad. Y eso se logra con planificación, con presencia en el territorio, conociendo al productor, al joven, al trabajador, al comerciante, al deportista. Por eso es fundamental que los municipios lleven adelante el Modelo Formoseño. Un modelo que no improvisa, que planifica, que pone al trabajo y a la producción en el centro, y que entiende que el desarrollo llega cuando el Estado está presente y comprometido con su gente. El modelo existe y da resultados. Lo que muchas veces falta es la decisión política de aplicarlo en cada pueblo. Como dice Gildo Insfrán, los políticos deben tener olor a pueblo.  Deben caminar las calles, conocer los problemas, escuchar a la gente y gobernar para cambiar la realidad de la comunidad, no la realidad personal del político. Hoy, en muchos pueblos, vemos lo contrario: personas que entran en política solo para acomodarse, que delegan el poder en otros que la gente no eligió, que gobiernan desde una oficina y no desde el territorio. Gobernar no es reaccionar. Es anticiparse.  No es improvisar. Es planificar. No es mostrar. Es hacer. Los pueblos no crecen con publicaciones, crecen con decisiones. No avanzan con slogans, avanzan con proyectos. El verdadero fracaso político no es perder una elección.  El verdadero fracaso es ganar y no saber qué hacer con el poder. Por eso, hablar de futuro en los pueblos es hablar de iniciativa, planificación, recursos bien administrados y dirigentes comprometidos con su gente. Porque sin eso, se puede sostener un cargo por un tiempo, pero nunca se construye desarrollo, dignidad ni esperanza.

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¿Candidatos o dirigentes? Cuando la política se confunde con la foto
Política

25/01/2026

¿Candidatos o dirigentes? Cuando la política se confunde con la foto

¿Candidatos o dirigentes? Cuando la política se confunde con la foto  Hoy pareciera que todos quieren ser candidatos. Basta con tener un celular, algunos seguidores en redes sociales y buena predisposición para la foto. Pero la pregunta que deberíamos hacernos como sociedad es otra, mucho más profunda e incómoda: ¿sabemos a quién estamos eligiendo? ¿O elegimos por simpatía, por cercanía superficial o por costumbre? El pueblo no debería conformarse con gestos. Debería observar trayectorias. Preguntarse:  ¿Trabajó alguna vez en una comisión barrial? ¿Se formó políticamente? ¿Conoce el Estado que pretende conducir? ¿Sabe trabajar en equipo o solo busca protagonismo? Sin embargo, muchas veces el criterio se reduce a lo más fácil: • “Es buenito” . • “Saluda a todos”.  • “Toma tereré con cualquiera”. • “Tiene muchos seguidores en Facebook”.  • “Critica fuerte”.  Así, confundimos popularidad con capacidad, cercanía con conducción, y presencia mediática con compromiso real. En la Argentina de hoy y especialmente en muchos municipios se ha naturalizado una práctica que degrada la política: la del dirigente de ocasión. Ese intendente o concejal que aparece solo en épocas de lluvia, inundación o crisis, con botas y chaleco bien visibles… pero únicamente para la foto. Pasa la emergencia y desaparece. Y si te he visto, no me acuerdo. Luego, cuando el vecino necesita una respuesta concreta y va a la municipalidad, no hay nadie. Nunca están. Nadie atiende. La gestión diaria, silenciosa y constante, queda abandonada. Esto no es solo desorden: es falta de compromiso político.  A esta lógica se suma un problema aún más grave: la ausencia de formación política. Hoy pareciera que cualquiera puede ser candidato. No importa si no sabe cómo funciona el Estado, si nunca gestionó recursos públicos, si no puede conducir un equipo. Alcanza con visibilidad, conflicto o relato. Pero casi nunca se valora lo esencial: • La formación. • La experiencia. • La organización.  • El conocimiento del territorio. • La identidad histórica de la comunidad. La política no es solo buena intención. Gobernar es saber. Es prepararse. Es asumir responsabilidades. Confundir humildad con idoneidad es una trampa peligrosa: la humildad es un valor enorme, pero no reemplaza la capacidad ni la preparación. Frente a este escenario aparece una manera distinta de hacer política: el modelo formoseño, con el Dr. Gildo Insfrán como expresión de una conducción que se construye en el tiempo y en el territorio. No es una política de ocasión ni de marketing. Es una política basada en principios claros: Estado presente, justicia social, federalismo real y continuidad de un proyecto colectivo. Gildo Insfrán no necesita sobreactuar cercanía ni aparecer solo cuando hay cámaras. Su liderazgo se explica por un contacto permanente con el pueblo, por el conocimiento profundo del territorio y por una relación histórica construida día a día.  Esa es la verdadera política con olor a pueblo: la que no se improvisa, la que no se abandona, la que no depende de una foto. El modelo formoseño demuestra que gobernar no es aparecer, sino estar.  No es prometer, sino gestionar.  No es agradar, sino conducir. En un país donde muchas veces se confunde renovación con improvisación, este modelo reivindica la planificación, la organización y la identidad local. Por eso, el desafío de hoy no es sumar más candidatos, sino formar mejores dirigentes. Y también, como pueblo, aprender a exigir más.  Porque cuando la política se vacía de contenido, cuando se elige sin mirar trayectorias ni proyectos, el costo no lo pagan los improvisados: lo paga siempre el pueblo.

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Formosa eligió otro camino.
Política

18/01/2026

Formosa eligió otro camino.

 Desde hace décadas, el gobierno provincial sostiene una idea de Estado planificador, con objetivos claros, continuidad política y una conducción que no se subordina a los vaivenes del humor mediático ni a las urgencias electorales de corto plazo. Mientras otros espacios “ensayan” liderazgos o cambian de discurso según la coyuntura, el Modelo Formoseño mantiene una coherencia estratégica: desarrollo con inclusión, presencia del Estado, federalismo real y justicia social adaptada a la realidad local. La principal fortaleza del modelo de Insfrán no es solo la estabilidad política, sino su capacidad de dar respuestas concretas. Infraestructura, salud, educación, producción, energía y políticas sociales no aparecen como parches, sino como partes de un mismo esquema. Allí donde el peronismo nacional muestra déficit de gestión y de autocrítica, Formosa exhibe resultados sostenidos en el tiempo, incluso en contextos económicos adversos y con gobiernos nacionales de signo político contrario. Otro punto clave es el liderazgo. En momentos donde el peronismo discute quién conduce, en Formosa la conducción está clara. Eso no implica ausencia de debate, sino orden político. La conducción permite formar cuadros, renovar dirigencias territoriales y sostener un proyecto colectivo por encima de los nombres. Esa es una de las grandes diferencias con una fuerza nacional que, hoy, parece una “banda desafinada”, donde cada instrumento toca para sí. Finalmente, el Modelo Formoseño interpela porque rompe con una lógica instalada: la idea de que la permanencia en el poder es sinónimo de desgaste. En Formosa ocurre lo contrario: la continuidad permitió profundizar políticas públicas, corregir errores y consolidar derechos. Lo que en otros distritos es improvisación permanente, aquí es planificación. Pero este camino no se sostiene solo desde el Estado: se sostiene desde una sociedad que eligió mantenerse unida. El desafío de los formoseños no es dejarse arrastrar por los agitadores seriales, esos que aparecen cíclicamente con discursos grandilocuentes, sin propuestas ni compromiso real, y cuyo único objetivo es sembrar enojo, confusión y desgaste institucional. La experiencia demuestra que la destrucción nunca construyó futuro. Formosa no ofrece recetas mágicas, pero sí una evidencia incómoda: cuando hay proyecto, conducción, un Estado presente y un pueblo que entiende el valor de la unidad, no se vive en crisis permanente. Tal vez por eso el modelo molesta tanto. Porque demuestra que no se trata de salir de una para entrar en otra, sino de saber a dónde se quiere ir y caminar juntos hacia ese destino.

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